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La Fiesta de la Misericordia: Domingo después de Pascua de Resurrección.

Este pasado domingo fue la Fiesta de la Divina Misericordia.
Lamento no haber podido escribir acerca de esto antes, pero me fue imposible.

Ayer fue el 2do Domingo de Pascua, el que le dijo Nuestro Señor a Santa Faustina que queria que se celebrara en todas partes la Fiesta de la Divina Misericordia. El día en que estan abiertas más que nunca las puertas de la Misericordia de Dios para todos aquellos que quieran acercarse a Él, le dijo a Santa Faustina que por mas que fuera pecadora una persona podría acercarse a Él siempre que esté verdaderamente arrepentida de su vida pasada y Dios la recibe, como Padre Misericordioso que Él es.

En este día le dijo a Santa Faustina que quien se confesara y recibiera la Comunión, recibiría el perdón total de los pecados y la pena.

Esta Fiesta fué instituida oficialmente por la Iglesia en el año 2000 >>>.

El Señor le pide a Santa Faustina, por lo menos 14 veces, que se instituya oficialmente una "Fiesta de la Misericordia" (Diario de Santa Faustina):

“Esta Fiesta surge de Mi piedad mas entrañable...Deseo que se celebre con gran solemnidad el primer domingo después de Pascua de Resurrección....Deseo que la Fiesta de la Misericordia sea refugio y abrigo para todas las almas y especialmente para los pobres pecadores. Las entrañas mas profundas de Mi Misericordia se abren ese día. Derramaré un caudaloso océano de gracias sobre aquellas almas que acudan a la fuente de Mi misericordia”.

“El alma que acuda a la Confesión, y que reciba la Sagrada Comunión, obtendrá la remisión total de sus culpas y del castigo... Que el alma no tema en acercarse a Mi, aunque sus pecados sean como la grana. Toda Comunión recibida con corazón limpio, tiende a restablecer en aquel que la recibe la inocencia inherente al Bautismo, puesto que el Misterio Eucarístico es "fuente de toda gracia".

Nuestro Señor manifestó a Santa Faustina que en la "Fiesta de la Misericordia" se abrían todas las compuertas a través de las cuales fluían las gracias divinas. Gracias de conversión y perdón de los pecados.

Las 3 de la tarde, la hora de la Misericordia

Nuestro Señor Jesús, en las revelaciones privadas a Santa Faustina, deseaba que todos los días se honrara aquel momento de su agonía en la Cruz, por esto le pidió: “Cada vez que escuches el reloj a las tres de la tarde, recuerda sumergirte en Mi misericordia, adorándola y exaltándola; invoca su omnipotencia para el mundo entero y especialmente para los pobres pecadores, pues fu e en esta hora cuando Mi sacrificio se llevó a cabo para todas las almas” (Diario, 517).“Es una hora de grande misericordia para el mundo entero” (Diario, 440). “En esta hora nada le será negado al alma que lo pida por los meritos de mi Pasión…” (Diario, 1320).

Se trata por consiguiente de un momento más o menos espacioso dedicado a meditar sobre su Pasión dolorosa, porque por que precisamente en ella apareció de un modo más pleno y más claro el amor de Dios para todos los hombres.

Al sumergirnos en la pasión de Jesús descubrimos su infinito amor misericordioso: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos” (Jn 15,13). Dando su vida por nosotros en la Cruz, Jesús nos muestra el amor del Padre: “Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único, para que todo el que crea en El no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16).

Jesús desea que se le adore y se exalte la misericordia de Dios y que por los méritos de Su Pasión se pidan gracias tanto para sí mismo como para el mundo entero y sobre todo, para los pecadores.

Así exhortaba Jesús a Santa Faustina:

“En esta Hora, trata de celebrar el Vía Crucis si tus obligaciones te lo permiten y si no puedes rezar el Vía Crucis, entra por lo menos a la capilla y ora por un momento y honra Mi Corazón que está lleno de misericordia en el Santísimo Sacramento. Y si no puedes acudir a la capilla, haz por lo menos una oración por breves momentos en el lugar en el que te encuentres” (Diario, 517).

Se debe tener en cuenta que la Hora de la Misericordia está ligada a las tres de la tarde y debe ser dirigida a Jesús y que la materia de oración y reflexión que nos ocupa es la muerte de Jesús. Puede utilizarse una reflexión o varias, según el tiempo del que se disponga. Al iniciar, estando de rodillas ante el Santísimo Sacramento, se hace la invocación que se indica antes de la meditación.

Terminada la meditación se ha de realizar el Vía Crucis, como solicita Nuestro Señor: pide expresamente que se rece si nos es posible todos los días a las 3 de la tarde, que se recuerde a la hora en que Él murió por todos nosotros.

Ademas una promesa:
"En esa hora puedes obtener todo lo que pidas para ti o para los demás. En esa hora se estableció la gracia para el mundo entero: la misericordia triunfó sobre la justicia." (Diario 1572)

Esto es muy importante el rezo de las 3 de la tarde, la hora de la Divina Misericordia.

La confianza en la Divina Misericordia 1/2

La confianza es el fundamento de aquellos que deseen vivir el mensaje de la Divina Misericordia. Debemos ser vasijas de misericordia, y la cantidad que pueda contener esa vasija para irradiarla a los demás, dependerá de la confianza.

“El alma que confía en Mi misericordia es la más feliz porque Yo Mismo tengo cuidado de ella” (Diario, 1273 )

“..invita a las almas con las cuales estás en contacto a confiar en Mi misericordia infinita. Oh cuánto amo a las almas que se Me han confiado totalmente, haré todo por ellas.” (Diario, 294)

La confianza requiere de la conversión del corazón; esencia del mensaje de nuestro Señor. Esta escrito en Ezequiel 36, 26 :”Y os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros espíritu nuevo, quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne.”

David escribió en el Salmo 62, “En Dios solo el descanso de mi alma, de él viene mi salvación, solo él mi roca, mi salvación, mi ciudadela, no he de vacilar” (Sal 62, 2-3). Sin embargo, desafortunadamente muchos de nosotros carecemos de la confianza en Dios y canalizamos nuestros enojos, frustraciones, dolores y ansiedades a través de medios que nos hacen daño, como el alcoholismo, el abuso de drogas, la adicción por el trabajo y la comida.

El confiar en Dios requiere de una relación con Dios. Algunos de nosotros no tuvimos una relación sana con nuestros padres, que supuestamente deberían de habernos nutrido y apoyado en todos los sentidos, y ya como adultos, nos cuesta trabajo confiar. Los que son adictos a algo, tienen una relación de confianza patológica con un objeto o evento; para sentirse en paz y felices, confían en el alcohol, en la comida u otras cosas. En el Programa de los Doce Pasos, se recomienda que uno desarrolle una relación con una “fuerza mayor”. Sin embargo, los Cristianos sabemos que Jesucristo es esa “Fuerza Mayor”, ya que Él es el Camino, la Verdad y la Vida. “Por lo cual Dios lo exaltó y le otorgó el Nombre que está sobre todo nombre. Para que al Nombre de Jesús toda rodilla se doble, en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es El SEÑOR, para gloria de Dios Padre,” (Flp. 2,9-11)

El Salmo 62 nos invita a arriesgarnos confiando en Dios y abandonándonos a su cuidado. La ansiedad y la confianza en Dios son incompatibles; la ansiedad por cualquier cosa, especialmente por cosas que están fuera de nuestro control, reflejan una cierta incredulidad y falta de confianza en Dios.

Muchos de nosotros perdemos tanto tiempo, esfuerzo y energías, preocupándonos por lo que pudo haber sido, podría pasar o pasará, que perdemos el sentido del momento presente. Debemos mantenernos en el presente y concentrarnos en lo que estamos haciendo ahora, y cómo estamos ante Dios hoy. No necesitamos preocuparnos del mañana; podríamos aprender la lección de los israelitas, que el maná que ellos comieron en el desierto sólo era bueno por un día (Cfr. Ex 16). En otras palabras, ellos tenían que confiar cada día en que el Señor proveería.

La confianza requiere de humildad; la persona orgullosa y exitosa siente que su bienestar material y sus logros vienen solo de su propio esfuerzo. Cuando uno está en la cumbre del éxito, hay poca necesidad de confiar en Dios. Pero el confiar en uno mismo y no en el Señor sólo nos llevará al fracaso. “Confía en Yahveh de todo corazón y no te apoyes en tu propia inteligencia.” (Pr 3,5) Dice Nuestro Señor´: “Nunca confíes en ti misma, sino que abandónate totalmente a Mi voluntad.” (Diario, 1760)

El Señor le dijo claramente a Santa Faustina, que mientras más confianza tengamos en Él y tratemos de vivir Su voluntad y no la nuestra, mayores gracias recibiríamos. Le dijo: “Di, hija Mía, que soy el Amor y la Misericordia Mismos. Cuando un alma se acerca a Mí con confianza, la colmo con tal abundancia, la colmo con tal abundancia de gracias que ella no puede contenerlas en sí misma, sino que las irradia sobre otras almas" (Diario, 1074).

Nuestro Señor nos habla acerca de la confianza en Su misericordia:

“El alma más querida para Mí es la que cree fuertemente en Mi bondad y la que Me tiene confianza plenamente; le ofrezco Mi confianza y le doy todo lo que pide.” (Diario 453)

“...Tu empeño debe ser la total confianza en Mi bondad, el Mío, darte todo lo que necesites. Me hago dependiente de tu confianza; si tu confianza es grande Mi generosidad no conocerá los límites.” (Diario, 548)

Fuente: Libro, la Divina Misericordia en mi alma, Diario de Santa Faustina. Libro: La Divina Misericordia una forma de Vida / Autor: Bryan S.Tatcher, Apóstoles Eucarísticos de la Divina Misericordia.


La confianza en la Divina Misericordia de Dios 2/2

De nuevo, la confianza en Dios es facil cuando todo va bien. Sin embargo, en momentos de sufrimiento y pruebas, aparece la duda y nos preguntamos “¿dónde está Dios?” o “de verdad existe Dios”? La ruina financiera, la súbita muerte de un ser querido, el divorcio, y los niños atormentados por las drogas, son solo algunos de los episodios dolorosos de la vida que Dios puede utilizar para acercarnos más a Él. Pero la confianza en Dios es la clave; debemos dejar que sea como el salvavidas al que nos aferramos cuando sentimos que nos estamos ahogando.

¿Has experimentado alguna vez la enfermedad o la muerte de algún familiar? Involucrar a los seres queridos puede que sea muy espiritual, pero cuando nos enfrentamos a una crisis y una prueba, inmediatamente olvidamos todo lo relacionado con la confianza en Dios y nos paralizamos en la prueba. Debemos recordar que estas formas de sufrimiento nos dan la oportunidad de confiar en Dios y de crecer espiritualmente. Y si oramos, discernimos y entonces debemos pedir fortaleza, ánimo y una mayor confianza en Jesús – La Divina Misericordia – en el momento de la prueba.


Piensa en Job, quien perdió a su familia, su salud y su fortuna. Durante sus continuas pruebas, Dios nunca le informó porqué le estaba pasando todo aquello. Sin embargo, Job no maldijo a Dios; al contrario, se maravillaba de las bellezas de la creación y sabía que debía confiar en el Creador en tiempos de sufrimiento. Así como en el caso de Job, especialmente en sus sufrimientos y pruebas de la vida diaria, la experiencia de un ser querido en un accidente, el ser despedido del trabajo, nos hacen darnos cuenta de qué tan vulnerables somos y el poco control que de hecho tenemos sobre los acontecimientos de la vida.


En momentos de lucha y frustración, debemos de tener la actitud de Pedro que dijo, “Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero en tu palabra, echaré las redes” “Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse. Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para vinieran en su ayuda.” (Lc 5,5-7)


En otra ocasión, el Señor le dijo a Santa Faustina; “Que las almas que tienden a la perfección adoren especialmente Mi misericordia, porque la abundancia de gracias que les concedo proviene de Mi misericordia. Deseo que estas almas se distingan por una confianza sin límites en Mi misericordia. Yo Mismo Me ocupo de la santificación de estas almas, les daré todo lo que sea necesario para su santidad. Las gracias de Mi misericordia se toman con un solo recipiente y éste es la confianza. Cuanto más confíe un alma, tanto más recibirá. Las almas que confían sin limites son mi gran consuelo, porque en tales almas vierto todos los tesoros de Mis gracias. Me alegro mucho de que pidan mucho, porque Mi deseo es dar mucho, muchísimo. Me pongo triste, en cambio, si las almas piden poco y estrechan sus corazones.” (Diario 1578)

“En cada alma cumplo la obra de la misericordia, y cuanto más grande es el pecador, tanto más grande es el derecho que tiene a Mi misericordia. Quien confía en Mi misericordia no perecerá porque todos sus asuntos son Míos y los enemigos se estrellarán a los pies de Mi escabel.* ” (Diario, 723)

*Escabel: escabel
1. m. Tarima pequeña que se pone delante de la silla para que descansen los pies de quien está sentado. Fuente: Diccionario de la lengua española. Vigésima segunda edición

Autor: Bryan S.Tatcher, Apóstoles Eucarísticos de la Divina Misericordia.
Libro: La Divina Misericordia una forma de Vida.

El perdón, en la misericordia de Dios

Cuando uno hace consideraciones sobre la Divina Misericordia y en la manera de vivir el mensaje, viene a la mente la necesidad de confiar en Dios y ser misericordioso con los demás. Sin embargo el perdón tambien se encuentra en el corazón del mensaje de la Divina Misericordia. Es un acto de misericordia hacia los demás y hacia uno mismo, y con frecuencia es una condición para la sanación fisíca, pero especialmente es una condición para el progreso espiritual.

Así como Dios perdona nuestros pecados, debemos perdonar las ofensas de los demás. “Y cuando pongáis de pie para orar, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que tambien vuestro Padre, que está en los cielos, os perdone vuestras ofensas.” (Mc 11,25)

La necesidad de perdonar se hace aún más necesaria en una sociedad con tantos males como la nuestra; uno no tiene que mirar muy lejos para ver gente sufriendo los efectos devastadores del divorcio, la violencia, las adicciones, la pornografía, etc. El perdón no es una emoción, sino una decisión. Si el perdón no fuera posible, Dios no podría mandarnos perdonar.

Mucha gente evita y procura no pensar en aquellos que los han herido, y no se enfrentan con los problemas fundamentales; por ello, no pueden encontrar la sanación que desean. Otros creemos que hemos perdonado si no hablamos negativamente de alguien, aunque muy en el fondo guardamos mucho rencor reprimido. Este enojo o rencor sale a la superficie de muchas maneras y afecta nuestra relación con los demás, incluso con aquellos a quienes más queremos.

¿De qué nos sirve rezar la Coronilla a la Divina Misericordia a las tres de la tarde, y después gritar y vociferar al cónyugue enfrente de los niños a las cuatro de la tarde?

Piensa cuántas veces rezamos el Padrenuestro: “...y perdonanos nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden” (Mt 6,12)

Estamos viviendo en tiempos de gran misericordia, y sin embargo no podremos recibir el derroche de la misericordia de Dios, mientras no hayamos perdonado a aquellos que nos han ofendido. “Si alguno dice: Amo a Dios, y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve” (Jn 4,20)

Al negarnos a perdonar a nuestros hermanos y hermanas, el corazón se cierra, su dureza lo hace impermeable al amor misericordioso del Padre; en la confesión del propio pecado, el corazón se abre a su gracia (ver el Catecismo de la Iglesia Católica, 2840).

¿Cuántas veces nos ha perdonado Dios? Dijimos anteriormente que la imagen de la Divina Misericordia simboliza los Sacramentos del Bautismo y de la Reconciliación. El gran Sacramento de la Reconciliación no debe verse como un castigo, un regaño o flagelación, sino como un vehiculo de sanación.

Dios siempre esta ahí, listo para perdonar. ¡No hay limites para su misericordia!

Nuestro Señor le dijo a Santa Faustina: "Apóstol de Mi misericordia, proclama al mundo entero Mi misericordia insondable" (Diario, 1142)


Su misericordia es tan grande, que nunca seremos capaces de comprenderla; es como un océano que no tiene fondo. ¡Pero qué dificil es perdonar cuando alguien nos ha herido!

Santa Faustina escribió: “Quien sabe perdonar, se prepara muchas gracias de parte de Dios.

Siempre que mire la cruz, perdonaré sinceramente" (Diario, 390)

Dios me perdona a mí, ¿yo no voy a perdonar?




Autor: Bryan S.Tatcher, Apóstoles Eucarísticos de la Divina Misericordia.
Libro: La Divina Misericordia una forma de Vida.

Diálogo entre Dios misericordioso y el alma perfecta

El alma: Señor y Maestro mío, deseo hablar Contigo.

Jesús: Habla, porque te escucho en todo momento niña (93) amada; te espero siempre. ¿De qué deseas hablar Conmigo?
El alma: Señor, primero derramo mi corazón a tus pies como el perfume de agradecimiento por tantas gracias y beneficios de los cuales me colmas continuamente y los cuales no lograría enumerar aunque quisiera. Recuerdo solamente que no ha habido un solo momento en mi vida en que no haya experimentado Tu protección y Tu bondad.


Jesús: Me agrada hablar contigo y tu agradecimiento te abre nuevos tesoros de gracias, pero, niña Mía, hablemos quizás no tan generalmente, sino en detalles de lo que pesa más sobre tu corazón; hablemos confidencial y sinceramente como dos corazones que se aman mutuamente.
El alma: Oh mi Señor misericordioso, hay secretos en mi corazón de los cuales no sabe ni sabrá nadie fuera de Ti, porque aunque quisiera decirlso nadie me comprendería. Tu representante sabe algo, dado que me confieso con él, pero tanto cuanto soy capaz de revelarle de estos secretos, lo demás queda entre nosotros por la eternidad, ¡oh Señor mío! (94) Me has cubierto con el manto de Tu misericordia perdonándome siempre los pecados. Ni una sola vez me has negado Tu perdón, sino que teniendo compasión por mí, me has colmado siempre de una vida nueva, la vida de la gracia. Para que no tenga dudas de nada, me has confiado a una cariñosa protección de Tu Iglesia, esta madre verdadera de la fe y vigila que no yerre nunca. Y especialmente en el tribunal de Tu misericordia mi alma experimenta todo un mar de benevolencia. A los ángeles caídos no les has dado tiempo de hacer penitencia, no les has prolongado el tiempo de la misericordia. Oh Señor mío, en el camino de mi vida has puesto a unos sacerdotes santos que me indican una vía segura. Jesús, en mi vida hay un secreto más, el más profundo, pero también el más querido para mí, lo eres Tú Mismo bajo la especie del pan cuando vienes a mi corazón. Aquí está todo el secreto de mi santidad. Aquí mi corazón unido al tuyo se hace uno, aquí ya no hay ningún secreto, porque todo lo Tuyo es mío, y lo mío es Tuyo. He aquí la omnipotencia y (95) el milagro de Tu misericordia. Aunque se unieran todas las lenguas humanas y angélicas, no encontrarían palabras suficientes para expresar este miserio de amor y de Tu misericordia insondable. Cuando considero este misterio del amor, mi corazón entra en un nuevo éxtasis de amor y Te hablo de todo, Señor, callando, porque el lenguaje del amor es sin palabras, porque no se escapa ni un solo latido de mi corazón. Oh Señor, a pesar de que Te has humillado tanto, Tu grandeza se ha multiplicado en mi alma y por eso en mi alma se ha despertado un amor todavía mas grande hacia Ti, el único objeto de mi amor, porque la vida del amor y de la unión se manifiesta por fuera como: pureza perfecta, humildad profunda, dulce mansedumbre, gran fervor por la salvación de las almas. Oh mi dulcísimo Señor, velas sobre mí en cada momento y me inspiras sobre cómo debo portarme en un caso dado; cuando mi corazón oscilaba entre una y otra cosa, Tú Mismo intervenías, más de una vez, en solucionar el asunto. Oh cuántas e inumerables veces, con una luz repentina me hiciste conocer (96) lo que Te agradaba más.


Oh, qué numerosos son estos perdones secretos de los cuales no sabe nadie. Muchas veces has volcado en mi alma fuerza y valor para avanzar. Tú Mismo eliminabas las dificultades, para [375] de mi camino interviniendo directamente en la actuación de los hombres. Oh Jesús, todo lo que Te he dicho es una pálida sombra frente a la realidad que hay en mi corazón. Oh Jesús mío, cuánto deseo la conversión de los pecadores. Tú sabes lo que hago por ellos para conquistarlos para Ti. Me duele enormemente cada ofensa hecha contra Ti. Tú sabes que no escatimo ni fuerzas, ni salud, ni vida en defensa de Tu reino. Aunque en la tierra mis esfuerzos son invisibles, pero no tienen menos valor a Tus ojos. Oh Jesús, deseo atraer las almas a la Fuente de Tu Misericordia para que tomen la vivificante agua de vida con el recipiente de la confianza. Si el alma desea experimentar una mayor misericordia de Dios, acérquese a Dios con gran confianza y si su confianza es sin límites, la misericordia de Dios será para ella también sin limites. Oh Señor mío, (97) que conoces cada latido de mi corazón, Tú sabes con qué ardor deseo que todos los corazones latan exclusivamente por Ti, que cada alma glorifique la grandeza de Tu misericordia.


Jesús: Hija Mía amadísima, delicia de Mi corazón, tu conversación Me es más querida y más agradable que el canto de los ángeles. Todos los tesoros de Mi Corazón están abiertos para ti. Toma de este Corazón todo lo que necesites para ti y para el mundo entero. Por tu amor retiro los justos castigos que la humanidad se ha merecido. Un solo acto de amor puro hacia mí, Me es más agradable que miles de himnos de almas imperfectas. Un solo suspiro de amor Me recompensa de tantos insultos con los cuales Me alimentan los impíos. Tu más pequeña acción, es decir, un acto de virtud, adquiere a Mis ojos un valor inmenso y es por el gran amor que tienes por Mí. En un alma que vive exclusivamente de Mi amor, Yo reino como en el cielo. Mi complacencia y Mi oído está atento a (98) las súplicas y el murmullo de su corazón y muchas veces anticipo sus ruegos. Oh niña amada por Mí particularmente, pupila de Mi ojo, descansa un momento junto a Mi Corazón y saborea aquel amor del cual te regocijarás durante toda la eternidad.


Pero, hija, aún no estás en la patria; así pues, ve fortalecida con Mi gracia y lucha por Mi reino en las almas humanas y lucha como una hija real y recuerda que pronto pasarán los días del destierro y con ellos la oportunidad de adquirir méritos para el cielo. Espero de ti, hija Mía, un gran número de almas que glorifiquen Mi misericordia durante toda la eternidad. Hija Mía para que respondas dignamente a Mi llamada, recíbeme cada día en la Santa Comunión – ella te dará fuerza...

* Fuente: "La Divina Misericordia en mi alma" (Diario de Santa Faustina Kowalska) Mensajes dictados a Santa Faustina por Nuestro Señor Jesucristo.

Diálogo entre Dios misericordioso y el alma que tiende a la perfección

Jesús: Me son agradables tus esfuerzos oh alma que tiendes a la perfección. Pero ¿por qué tan frecuentemente te veo triste y abatida? Dime, niña Mía, ¿qué significa esta tristeza y cuál es su causa?
El alma: Señor, mi tristeza se debe a que a pesar de mis sinceros propósitos caigo continuamente y siempre en los mismos errores. Hago los propósitos por la mañana y por la noche veo cuánto me he desviado de ellos.


Jesús: Ves, niña Mía, lo que eres por ti misma, y la causa de tus caídas está en que cuentas demasiado contigo misma y te apoyas muy poco en Mí. Pero esto no debe entristecerte demasiado; estás tratando con el Dios de la Misericordia, tu miseria no la agotará, además no he limitado el número de perdones.
El alma: Sí, lo sé todo, (91) pero me asaltan grandes tentaciones y varias dudas se despiertan en mí y además todo me irrita y me desanima.


Jesús: Niña Mía, has de saber que el mayor obstáculo para la santidad es el desaliento y la inquietud injustificada que te quitan la posibilidad de ejercitarte en las virtudes. Todas las tentaciones juntas no deberían ni por un instante turbar tu paz interior y la irritabilidad y el desánimo son los frutos de tu amor propio. No debes desanimarte sino procurar que Mi amor reine en lugar de tu amor propio. Por lo tanto, confianza, niña Mía; no debes desanimarte, [sino que ] siempre venir a Mí para pedir perdón, porque Yo estoy siempre dispuesto a perdonarte. Cada vez que Me lo pides, glorificas Mi misericordia.
El alma: Yo reconozco lo que es más perfecto y que Te agrada más, pero enfrento grandes obstáculos para cumplir lo que conozco.


Jesús: Niña Mía, la vida en la tierra es una lucha y una gran lucha por Mi reino, pero no tengas miedo, porque no estás sola. Yo te respaldo (92) siempre, así que apóyate en Mi brazo y lucha sin temer nada. Toma el recipiente de la confianza y recoge de la fuente de al vida no solo para ti, sino que piensa también en otras almas y especialmente en aquellas que no tienen confianza en Mi bondad.
El alma: Oh Señor, siento que mi corazón se llena de amor, que los rayos de Tu misericordia y Tu amor han penetrado en mi alma. Heme aquí, Señor, que voya para responder a Tu llamada, voy a conquistar las almas sostenida por Tu gracia; estoy dispuesta a seguirte, Señor, no solamente al Tabor, sino también al Calvario. Deseo traer a las almas a la Fuente de Tu Misericordia para que en todas las almas se refleje el resplandor de los rayos de Tu misericordia, para que la casa de nuestro Padre esté llena y cuando el enemigo comience a tirar flechas contra mí, entonces me cubriré con Tu misericordia como con un escudo.

* Fuente: "La Divina Misericordia en mi alma" (Diario de Santa Faustina Kowalska) Mensajes dictados a Santa Faustina por Nuestro Señor Jesucristo.

Diálogo de Dios misericordioso con el alma que sufre

Jesús: Oh alma, te veo tan doliente, veo que ni siquiera tienes fuerzas para hablar Conmigo. Por eso te hablaré solo Yo, oh alma. Aunque tus sufrimientos fueran (86) grandisimos, no pierdas la serenidad del espíritu ni te desanimes. Pero dime, niña Mía, ¿quién se ha atrevido a herir tu corazón? Dímelo todo, sé sincera al tratar Conmigo, descubre todas las heridas de tu corazón, Yo las curaré y tu sufrimiento se convertirá en la fuente de su santificación.
El alma: Señor, mis sufrimientos son tan grandes y diversos y duran desde hace tanto tiempo que el desaliento ya empieza a apoderarse de mí.

Jesús: Niña Mía, no puedes desanimarte; sé que confías en Mí sin limites, sé que conoces Mi bondad y Mi misericordia. Así pues, hablemos, detalladamente de todo lo que más pesa en sobre tu corazón.El alma: tengo tantas cosas variadas que no sé de qué hablar primero ni cómo expresar todo esto.

Jesús: Háblame simplemente, como se habla entre amigos. Pues bien, niña Mía, ¿qué es lo que te detiene en el camino de la santidad?El alma: la falta de salud me detiene en la santidad, no puedo cumplir mis obligaciones, pues soy un sufrelotodo. No puedo mortificarme ni hacer ayunos rigurosos como hacían los santos; (87) además no creen que estoy enferma y al sufrimiento físico se une el moral y de ello surgen muchas humillaciones. Ves, Jesús, ¿cómo se puede llegar a ser santa en tales condiciones?

Jesús: Niña, realmente todo esto es sufrimiento, pero no hay otro camino al cielo fuera del Vía Crucis. Yo Mismo fui el primero en recorrerlo. Has de saber que éste es el camino más corto y el más seguro.El alma: Señor, otra vez una nueva barrera y dificultad en el camino de la santidad: por ser fiel a Ti me persiguen y me hacen sufrir mucho.

Jesús: Has de saber que el mundo te odia, porque no eres de este mundo. Primero Me persiguió a Mí, esta persecución es la señal de que sigues Mis huellas con fidelidad.El alma: Señor, me desanima tambien que ni las Superioras ni el confesor entienden mis sufrimientos interiores. Las tinieblas han ofuscado mi mente, pues, ¿cómo avanzar? Todo esto me desanima mucho y pienso que las alturas de la santidad no son para mí.

Jesús: Así pues, niña Mía, esta vez Me has contado mucho. Yo sé que es un gran sufrimeitnso el de no ser (88) comprendida y sobre todo por los que amamos y a los cuales manifestamos una gran sinceridad, pero que te baste que Yo te comprendo en todas tus penas y miserias. Me agrada tu profunda fe que, a pesar de todo, tienes en Mis representantes, pero debes saber que los hombres no pueden comprender plenamente un alma, porque eso supera sus posiblidades. Por eso Yo Mismo Me he quedado en la tierra para consolar tu corazón doliente y fortificar tu alma para que no pares en el camino. Dices que unas tinieblas grandes cubren tu meente, pues, ¿por qué en tales momentos no vienes a Mí que soy la luz y en un solo instante puedo infundir en tu alma tanta luz y tanto entendimiento de la santidad que no aprenderas al leer ningún libro ni ningun confesor es capaz de enseñar ni iluminar así al alma. Has de saber además que por esas tinieblas de las que te quejas, he pasado primero Yo por ti en el Huerto de los Olivos. Mi alma estuvo estrujada por una tristeza mortal y te doy a ti una pequeña parte de estos sufrimientos debido a Mi especial amor a ti y el alto grado de santidad que te (89) destino en el cielo. El alma que sufre es la que más cerca está de Mi Corazón.El alma: Pero una cosa más, Señor: ¿qué hacer si me desprecian y rechazan los hombres, y especialmente aquellos con quienes tuve derecho de contar y ademas en los momentos de mayor necesidad?

Jesús: Niña Mía, haz el propósito de no contar nunca con los hombres. Harás muchas cosas si te abandonas totalmente a Mi voluntad y dices: Hágase en mí, oh Dios, no según lo que yo quiera sino según tu voluntad. Has de saber que estas palabras pronunciadas del fondo del corazón, en un solo instante elevan al alma a las cumbres de la santidad. Me complazco especialmente en tal alma, tal alma Me rinde una gran gloria, tal alma llena el cielo con la fragancia de sus virtudes; pero has de saber que la fuerza que tienes dentro de ti para soportar los sufrimientos la debes a la frecuente Santa Comunión; pues ven a menudo a esta fuente de la misericordia y con el recipiente de la confianza recoge cualquier cosa que necesites.El alma: Gracias, oh Señor, por Tu bondad inconcebible, por haberte dignado quedarte con nosotros en este destierro donde vives con nostros como Dios de la misericordia (90) y difundes alrededor de Ti el resplandor de tu compasión y bondad. A la luz de los rayos de Tu misericordia he conocido cuánto me amas.
* Fuente: "La Divina Misericordia en mi alma" (Diario de Santa Faustina Kowalska) Mensajes dictados a Santa Faustina por Nuestro Señor Jesucristo.

Diálogo entre Dios misericordioso y el alma desesperada.

- Jesús: Oh alma sumergida en las tinieblas, no te deseperes, todavía no todo esta perdido, habla con tu Dios que es el Amor y la Misericordia Misma. Pero desgraciadamente, el alma permanece sorda ante la llamada de Dios y se sumerge en las tinieblas aún mayores.
- Jesús vuelve a llamar: Alma, escucha la voz de tu Padre misericordioso.- En el alma se despierta la respuesta: Para mí ya no hay misericordia. Y cae en las tinieblas aún más densas, en una especie de desesperación que le da la anticipada sensación del infierno y la hace completamente incapaz de acercarse a Dios.

- Jesús habla al alma por tercera vez, pero el alma esta sorda y ciega, empieza a afirmarse en la dureza y la desesperación. Entonces empiezan en cierto modo a esforzarse las entrañas de la misericordia de Dios y sin ninguna cooperación de parte del alma, Dios le da su gracia definitiva. Si la desprecia, Dios la deja ya en el estado que ella quiere permanecer por la eternidad. Esta gracia sale del Corazón misericordioso de Jesús y alcanza al alma con su luz y el alma empieza a comprender (83) el esfuerzo de Dios, pero la conversión depende de ella. Ella sabe que esta gracia es la última para ella y si muestra un solo destello de buena voluntad aunque sea el mas pequeño, la misericordia de Dios realizará el resto.
- [Jesús:] Aquí actúa la omnipotencia de Mi misericordia, feliz el alma que aproveche esta gracia.

- Jesús: Con cuánta alegría se llena Mi Corazón cuando vuelves a Mí. Te veo muy débil, por lo tanto te tomo en Mis propios brazos y te llevo a casa de Mi Padre.- El alma como si se despertara: ¿Es posible que haya todavía misericordia para mí? Pregunta llena de temor.
- Jesús: Precisamente tú, niña Mía, tienes el derecho exclusivo a Mi misericordia. Permite a Mi misericordia actuar en ti, en tu pobre alma; deja entrar en tu alma los rayos de la gracia, ellos introducirán luz, calor y vida.


- El alma: Sin embargo me invade el miedo tan sólo al recordar mis pecados y este terrible temor me empuja a dudar en Tu bondad.
- Jesús: Has de saber, oh alma, que todos tus pecados no han herido tan dolorosamente Mi corazón como tu actual desconfianza. Después de tantos esfuerzos de Mi (84) amor y Mi misericordia no te fías de Mi bondad.

- El alma: Oh Señor, sálvame Tú Mismo, porque estoy pereciendo; sé mi Salvador. Oh Señor, no soy capaz de decir otra cosa, mi pobre corazón está desgarrado, pero Tú, Señor...

- Jesús no permite al alma terminar estas palabras, la levanta del suelo, del abismo de la miseria y en un solo instante la introduce a la morada de su propio Corazón, y todos los pecados desaparecen ­[374] en un abrir y cerrar de ojos, destruidos por el ardor del amor.

- Jesús: He aquí, oh alma, todos los tesoros de Mi Corazón, toma de él todo lo que necesites.

- El alma: Oh Señor, me siento inundada por Tu gracia, siento que una vida nueva ha entrado en mí y, ante todo, siento Tu amor en mi corazón, eso me basta. Oh Señor por toda la eternidad glorificaré la omnipotencia de Tu misericordia; animada por Tu bondad, Te expresaré todo el dolor de mi corazón.

- Jesús: Di todo, niña, sin ningún reparo, porque te escucha el Corazón que te ama, el Corazón de tu mejor amigo.

- Oh Señor, ahora veo toda mi ingratitud y Tu bondad. Tu me perseguías con Tu gracia y yo frustraba todos Tus esfuerzos; veo que he merecido (85) el fondo mismo del infierno por haber malgastado Tus gracias.

- Jesús interrumpe las palabras del alma y [dice]: No te abismes en tu miseria, eres demasiado débil para hablar; mira más bien Mi Corazón lleno de bondad, absorbe Mis sentimientos y procura la dulzura y la humildad. Sé misericordiosa con los demás como Yo soy misericordioso contigo y cuando adviertas que tus fuerzas se debilitan, ven a la Fuente de la Misericordia y fortalece tu alma, y no pararás en el camino.

- El alma: Ya ahora comprendo Tu misericordia que me protege como una nube luminosa y me conduce a casa de mi Padre, salvándome del terrible infierno que he merecido no una sino mil veces. Oh Señor, la eternidad no me bastará para glorificar dignamente Tu misericordia insondable, Tu compasión por mí.
* Del libro: "La Divina Misericordia en mi alma" (Diario de Santa Faustina Kowalska) Mensajes dictados a Santa Faustina por Nuestro Señor Jesucristo.

Diálogo de Dios misericordioso con el alma pecadora

La Misericordia de Dios oculto en el Santísimo Sacramento; la voz del Señor que nos habla desde el trono de la misericordia: Venid a Mí todos.

Diálogo de Dios misericordioso con el alma pecadora:

Nos dice Jesús: No tengas miedo, alma pecadora, de tu Salvador; Yo soy el primero en acercarme a ti, porque sé que por ti misma no eres capaz de ascender hacia Mí. No huyas hija, de tu Padre; desea hablar a solas con tu Dios de la Misericordia que quiere decirte personalmente las palabras de perdón y colmarte de Sus gracias. Oh, cuánto Me es querida tu alma. Te he asentado en Mis brazos. Y te haz grabado como una profunda herida en Mi Corazón.

El alma: Señor, oigo tu voz que me llama a abandonar el mal camino, pero no tengo ni valor ni fuerza.

Jesús: Yo soy tu fuerza, Yo te daré fuerza para luchar.


El alma: Señor, conozco Tu santidad y tengo miedo de Ti.

Jesús: ¿Por qué tienes miedo, hija Mía, del Dios de la Misericordia? Mi santidad (80) no Me impide ser misericordioso contigo. Mira alma, por ti he instituido el trono de la misericordia en la tierra y este trono es el tabernáculo y de este trono de la misericordia deseo bajar a tu corazón. Mira, no Me he rodeado ni de séquito ni de guardias , tienes el acceso a Mí en cualquier momento, a cualquier hora del día deseo hablar contigo y concederte gracias.


El alma: Señor, temo que no me perdones un número tan grande de pecados; mi miseria me llena de temor.

Jesús: Mi misericordia es más grande que tu miseria y la del mundo entero. ¿Quién ha medido Mi bondad? Por ti bajé del cielo a la tierra, por ti dejé clavarme en la cruz, por ti permití que Mi Sagrado Corazón fuera abierto por una lanza, y abrí la Fuente de la Misericordia para ti. Ven y toma las gracias de esta fuente con el recipiente de la confianza. Jamás rechazaré un corazón arrepentido, tu miseria se ha hundido en el abismo de Mi misericordia. ¿Por qué habrías de disputar Conmigo sobre tu miseria? Hazme el favor, dame todas tus penas y toda tu miseria y Yo te colmaré de los tesoros de Mis gracias.


El alma: Con Tu bondad haz vencido, oh Señor, mi corazón de piedra; heme aquí acercándome con confianza y humildad al tribunal de Tu misericordia, absuélveme Tu Mismo por la mano de Tu representante. Oh Señor, siento que la gracia y la paz han fluido a mi pobre alma. Siento que Tu misericordia, Señor, ha penetrado mi alma en su totalidad. Me has perdonado más de cuanto yo me atrevía esperar o más de cuanto era capaz de imaginar. Tu bondad ha superado todos mis deseos. Y ahora Te invito a mi corazón, llena de gratitud por tantas gracias. Había errado por el mal camino como el hijo pródigo, pero Tú no dejaste de ser mi Padre. Multiplica en mí Tu misericordia, porque ves lo débil que soy.

Jesús: Hija, no me hables más de tu miseria, porque Yo ya no Me acuerdo de ella. Escucha, niña Mía, lo que deseo decirte: estréchate a Mis heridas y saca de la fuente de la vida todo lo que tu corazón pueda desear. Bebe copiosamente de la fuente de la vida y no pararás durante el viaje. Mira el resplandor de Mi misericordia y no temas a los enemigos de tu salvación. Glorifica Mi misericordia.
* Del libro: "La Divina Misericordia en mi alma" (Diario de Santa Faustina Kowalska) Mensajes dictados a Santa Faustina por Nuestro Señor Jesucristo.

Conferencia sobre la misericordia

Nos dice Nuestro Señor Jesucristo sobre su Divina Misericordia:

"Has de saber, hija Mía, que Mi Corazón es la Misericordia Misma. De este mar de misericordia las gracias se derraman sobre el mundo entero.
Ningún alma que se haya acercado a Mí, se ha retirado sin consuelo. Toda miseria se hunde [en] Mi misericordia y de este manantial brota toda gracia salvadora y santificante. Hija Mía, deseo que tu corazón sea la sede de Mi misericordia. Deseo que esta misericordia se derrame sobrfe el mundo entero a través de tu corazón. Cualquiera que se acerque a ti, no puede retirarse sin confiar en esta misericordia mía que tanto deseo para las almas.
Reza, cuanto puedas por los agonizantes impetra para ellos la confianza en Mi misericordia, porque son ellos los que más necesitan la confianza quienes la tienen muy poca. Has de saber que la gracia de la salvación eterna de algunas almas en el último momento dependió de tu oración.
Tú conoces todo el abismo de Mi misericordia, (129) entonces recoge de ella para ti y especialmente para los pobres pecadores. Antes el cielo y la tierra se vuelven a la nada, que Mi misericordia deje de abrazar a un alma confiada".

* Fuente: "La Divina Misericordia en mi alma" (Diario de Santa Faustina Kowalska) Mensajes dictados a Santa Faustina por Nuestro Señor Jesucristo.

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