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sábado, noviembre 06, 2010

La misericordia de Dios. Meditación de San Alfonso Ma. de Ligorio 1/3

"La misericordia triunfa sobre el juicio" (Santiago 2, 13)

La bondad es comunicativa por naturaleza. De suyo tiende a compartir sus bienes con los demás. Dios que por naturaleza es la Bondad Infinita, siente inmensa alegría al compartir con nosotros su felicidad, y por eso tiene más inclinación a la misericordia que al castigo. El nos dice en el Libro Sagrado "Yo soy un buen amigo, y no un enemigo a las puertas".

¿Quien podrá jamas calcular y alabar debidamente la misericordia inmensa con la cual Dios comprende a los pecadores, los educa, los tolera y los va llevando a la conversión y a la salvación y sobre todo la inmensa paciencia con la cual nos va aguardando hasta obtener nuestra conversiòn y que empecemos a hacer penitencia?

El bellísimo Salmo 102 que debiéramos leer y meditar frecuentemente, hace un retrato maravilloso de la bondad de Dios, con estas palabras: "Dios perdona tus culpas, y cura tus enfermedades espirituales. Te llena de gracia y de ternura. El sacia de bienes tus anhelos. El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira, rico en clemencia. No esta siempre acusando, ni guarda rencor perpetuo. No nos trata como merecen nuestras culpas. Así como el cielo esta más alto que la tierra, la bondad del Señor sobrepasa las necesidades de sus fieles. Así como el oriente esta lejos del occidente, así aleja el Señor de nosotros nuestros pecados. Como un padre siente ternura por sus hijos, así el Señor siente ternura por sus fieles. Porque El sabe de qué estamos hechos y se acuerda de que somos barro. Bendice alma mía la bondad del Señor."

Amable creyente: cuando tú le ofendías a Dios, El podía haberte enviado inmediatamente la muerte y te habría llegado la condenación. Pero tuvo paciencia y te esperó, y en vez de castigarte te lleno de ayudas y te conservó la vida para que pudieras arrepentirte. Y ahora le puedes repetir aquellas palabras del libro de la Sabiduría: "Señor, te compadeces de todos, porque todo lo puedes. Disimulas los pecados de las gentes para que logren arrepentirse. Amas a todos los seres y no aborreces nada de lo que Tú haz creado. Lo perdonas todo, porque todo es tuyo. A los pecadores les llamas la atención despertando la conciencia para que se aparten del mal y crean en Ti, Señor. A nadie dejas sin castigo por sus pecados, pero vas castigando muy gradualmente, y premias la conversión." (Sabiduría 11, 23 y 12)

Pero Señor: ¿cómo es que Tú estas viendo a aquel impuro cometer impurezas, y a aquel ladrón que sigue robando, y al sicario que sigue matando y al mentiroso que sigue mintiendo y no los castigas de una vez? ¿Por qué tanta paciencia? El profeta Isaías nos responde: "Aguarda Dios para poder perdonar y salvarlo".

Dios tendría tantos medios para castigarnos: la tierra, el sol, el agua, el aire, el rayo, el terremoto... ¿Y por qué tanta paciencia? Y el profeta Ezequiel nos responde: "Porque Dios no quiere la muerte del pecador sino que se convierta y viva" (Ez. 33,11)

¡Oh paciencia tan admirable la de Dios! San Agustín llega a decir que si Dios no fuera Dios, parecería que su paciencia fuera injusta y exagerada, porque muchos pecadores aprovechan de esa paciencia para pecar más y más. Y continúa diciendo este gran santo: "Nosotros hacemos las paces con nuestros pecados; nos entregamos como esclavos a los vicios, le damos hospedaje al mal en nuestra alma: dormimos tan tranquilos estando en pecado, y hasta nos alegramos de nuestras maldades. ¿Y Tú oh Dios nos llegas a castigarnos? Te desafiamos a que nos trates mal. ¿Qué te pasa Oh Dios? Nosotros combatiendo cada día contra Ti, y desafiando tu ira y tus castigos, ¿y Tu respondiendonos con tu perdón y exagerado en tu misericordia" Y bendita sea esta tu santa exageración.

Señor: Por mis pecados debería estar yo sumido en el castigo eterno, pero por tu misericordia estoy postrado ante Ti pidiéndote perdónl. Quiero cumplir aquel gran mandamiento tuyo: "Amarás al Señor tu Dios con todo corazón" (Mt. 22,37) Estoy seguro de que tu gran deseo es que yo te ame mucho y siempre, y quiero cumplirlo. Reconozco que he sido rebelde y te pido que me concedas conocer la horrenda maldad de mis culpas. ¡Oh, si nunca te hubiera ofendido! Concédeme que de ahora en adelante a nada ni a nadie ame más que a Ti. Eternamente me has amado Tú a mí. Haz que eternamente te ame yo a Ti.

Virgen Santísima en Ti confío, si ruegas por mí, me voy a salvar.

lunes, noviembre 01, 2010

Volver a empezar

Recomienza tu vida hoy! con la Misericordia de Dios
Si hoy te sientes mal por como haz llevado tu vida, solo has de repasar las vidas de tantos santos que en su vida pasada fueron grandes pecadores, pero se arrepintieron, pidieron perdón a Dios, se perdonaron a sí mismos por amor a Dios, y en después de su conversión con ayuda de Dios en los sacramentos llevaron una vida ejemplar.

A este respecto nos dice Nuestro Señor: "Que los más grandes pecadores [pongan] su confianza en Mi misericordia. Ellos más que nadie tienen derecho a confiar en el abismo de Mi misericordia. Hija Mía, escribe sobre Mi misericordia para las almas afligidas. Me deleitan las almas que recurren a Mi misericordia. A estas almas les concedo gracias por encima de lo que piden. No puedo castigar aún al pecador más grande si él suplica Mi compasión, sino que lo justifico en Mi insondable e impenetrable misericordia. Escribe: Antes de venir como juez justo abro de par en par la puerta de Mi misericordia. Quien no quiere pasar por la puerta de Mi misericordia, tiene que pasar por la puerta de Mi justicia..." (Diario 1146)

"A ti y a todos que proclamen esta gran misericordia Mía. Yo mismo los defenderé en la hora de la muerte como Mi gloria aunque los pecados de las almas sean negros como la noche; cuando un pecador se dirige a Mi misericordia, Me rinde la mayor gloria y es un honor para Mi Pasión. Cuando un alma exalta Mi bondad, entonces Satanás tiembla y huye al fondo mismo del infierno." (Diario 378)

"Cuanto deseo la salvación de las almas. Mi queridisima secretaria, escribe que deseo derramar Mi vida divina en las almas humanas y santificarlas con tal de que quieran acoger Mi gracia. Los más grandes pecadores llegarían a una gran santidad si confiaran en Mi misericordia. Mis entrañas estan colmadas de misericordia que está derramada sobre todo lo que he creado. 

Mi deleite es obrar en el alma humana, llenarla de Mi misericordia y justificarla. Mi reino en la tierra es Mi vida en las almas de los hombres. Escribe, secretaria Mía, que el director de las almas lo soy Yo Mismo directamente, mientras que indirectamente las guío por medio de los sacerdotes y conduzco a cada una a la santidad por el camino que conozco solamente Yo."

Consideremos por ejemplo la vida de San Agustín, San Ignacio de Loyola, que tuvieron una vida pasada no muy agradable a Dios pero luego recapacitaron y cambiaron totalmente con ayuda de Dios.

Consideremos la historia de Santa María Magdalena. Una perfecta pecadora, que inicialmente lavó, besó y ungió los pies de Jesús por contrición; y después de su muerte, por devoción. A pesar de los pecados que había cometido, amaba tanto a Jesús, que se quedó con Su Madre María durante la crucifixión (Cfr. Jn 19,25). No fueron Pedro o su amado discípulo Juan, quienes llegaron primero a la tumba y quienes anunciaron la Resurección, no, ¡fue María Magdalena! ¡Qué gran esperanza debe darnos ese suceso!
 
Todos conocemos la historia del hijo pródigo, relatada por San Lucas en el capítulo 15, versículos 11-32. Todos hemos pasado por experiencias en la vida en las que nos hemos equivocado y nos podemos identificar con el hijo pecador, así como con nuestra propia necesidad de arrepentimiento. El saber que el Padre es Amor y Misericordia, nos puede dar mucha seguridad, ya que sabemos que Él nunca nos rechazará cuando le roguemos misericordia. A lo largo de nuestras vidas, a veces nos vemos en situaciones en las que nos tenemos que humillar y pedir perdón a un amigo. 

Pero en ocasiones, no somos el que se arrepiente, sino más bien el inocente que pasaba por ahí. Actuamos como el hermano mayor, enojados por la atención que recibió el menor, especialmente porque se ha matado al ternero gordo y se le ha puesto la túnica más costosa. Murmuramos: “Yo nunca hice lo que él, y nunca me has dado un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos.” ¿Alguna vez has visto con desdén a algún pecador arrepentido, sospechando que su conversión es una farsa y careciendo del perdón de tu corazón, te has preguntado porqué toda la atención no ha sido dirigida más bien hacia ti? La envidia del hermano mayor es tan frecuente en la sociedad de hoy....

Deberíamos regocijarnos cuando un hijo pródigo regresa, sin importar si él ó ella fue un asesino, un alcohólico, o un amigo orgulloso y arrogante, o una hija rebelde y conflictiva. Finalmente, hay momentos en nuestra vida en los que estamos llamados a ser el padre amoroso, listos para perdonar y abrazar a aquellos a quienes nos han herido. Sabemos lo que tenemos que hacer ¡pero es tan dificil!

El perdón es un acto de la voluntad, no es un sentimiento. No borra los recuerdos, pero al hacer un esfuerzo por perdonar, aún cuando no podamos personalmente pedir perdón a nuestro prójimo, empieza un lento proceso de sanación, curando nuestras heridas interiores más profundas. Comenzamos a andar el “largo y sinuoso” camino para estar en buena salud espiritual, psicológica y emocional. En virtud de que hemos cometido pecado, podemos entender el dolor del otro, y nuestras heridas nos permitirán ser un vehículo y una fuente de sanación, un icono de misericordia, irradiando amor hacia los demás.

Luchemos por esa paz interior; ya que no podremos estar en paz si estamos enojados, ansiosos o desanimados. Abramos nuestros corazones a la efusión de los rayos del Amor Misericordioso de Cristo, ya que todos queremos conocerlo de una manera más profunda. Debemos perdonar a aquellos que nos han ofendido, incluso a nosotros mismos, ya que este acto abre la puerta a Su Divina Misericordia, hace que nuestros corazones de piedra puedan absorber los rayos de la Sangre y del Agua que brotaron de Su Corazón traspasado.

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