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¿Para qué sigo viviendo?

A veces encontramos personas que dicen “ya no sé para que vivo” o nosotros mismos tal vez por alguna situación podemos llegar a pensarlo, quien dice esto siente que ya no tiene 'por qué o para qué vivir', sin embargo Nuestro Señor Jesucristo nos da la solución a esto, en uno de los Mensajes.

Nos dice Santa Faustina: “Cuando, poco tiempo después de mis primeros votos, me enfermé y a pesar del Cordial y cariñoso cuidado de las Superioras, a pesar de los tratamientos médicos, no estaba ni mejor ni peor, entonces empezaron a llegarme voces de que fingía. Y así comenzó mi sufrimiento, se duplicó y duro un tiempo bastante largo. Un día me quejé ante Jesús que yo era una carga para las hermanas. Me contestó Jesús: No vives para ti, sino para las almas. Otras almas se beneficiarán de tus sufrimientos. Tus prolongados sufrimientos les darán luz y fuerza para aceptar mi Voluntad.” (Diario 67)

Como vemos Santa Faustina sufría mucho y se creía inútil, como nos pasa muchas veces a todos. En este caso debemos hacer lo que dice Nuestro Señor y ofrecer nuestros sufrimientos por otras almas que viven en pecado y que están a punto de condenarse por vivir apartadas de Dios.

Y no solo los sufrimientos sino también nuestras oraciones, como ya hemos visto el rezo de la Coronilla de la Misericordia puede ayudar a un moribundo que le falta confianza en la Misericordia de Dios, y con nuestra oración podemos ayudarle para que no se vaya al infierno.

Y también con nuestro Rosario, por la conversión de los pecadores, esto incluso sin salir de casa.

Y si queremos podemos hacer varias obras de Misericordia, las espirituales son:
1.Enseñar al que no sabe.
2. Dar buen consejo al que lo necesita.
3. Corregir al que se equivoca.
4. Perdonar las ofensas
5. Consolar al triste.
6. Soportar con paciencia los defectos del prójimo
7. Rezar a Dios por los vivos y difuntos.

Que mejor que vivir el resto de tiempo que nos quede de vida ayudando espiritualmente a otros, y aparte adquirimos méritos para el cielo.

Cuando escuchemos a alguien decir “ya no tengo por qué vivir” digámosle puedes vivir para ayudar a las almas, pues si a alguien lo tiene Dios con vida en esta tierra es para ser útil y ayudar a otros a que se salven. Y así no llegar al día de nuestro juicio con las manos vacías.

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