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miércoles, julio 18, 2012

Ser misericordioso con los demás


"La misericordia es el amor que se esfuerza por aliviar la miseria de otro. Es un amor activo, derramado sobre otros para sanar, consolar, confortar, perdonar y quitar el sufrimiento. Es el amor que Dios nos ofrece y es el amor que Él exige de cada uno de nosotros hacia el prójimo:

"Les doy un mandamiento nuevo... ustedes se amarán unos a otros como yo los he amado" (Juan 13, 34). "Sean compasivos, como su Padre es compasivo" (Lucas 6, 36).
Repetidas veces la Sagrada Escritura nos recuerda que la medida que usemos con otros, Dios la usará con nosotros (Lucas 6, 38), porque ciertamente Él "nos perdonará nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores" (Mateo 6, 12-14).

"Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia" (Mateo 5, 7), pero "el jucio será sin misericordia para el que no ha tenido misericordia" (Santiago 2, 13). Las parábolas del buen samaritano, el hombre rico y Lázaro, el siervo que no quería perdonar, nos demuestran esta verdad esencial: solamente dando misericordia podemos esperar recibirla; ya que seremos juzgados según nuestras acciones misericordiosas hacia otros: "Porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer..." (Mateo 25, 35-46).

Nuestro Señor le habló a Santa Faustina sobre la importancia de las obras de misericordia durante varias ocasiones:

Exijo de ti obras de misericordia que deben surgir del amor hacia Mí. Debes mostrar misericordia al prójimo siempre y en todas partes. No puedes dejar de hacerlo ni excusarte ni justificarte... porque la fe sin obras, por fuerte que sea, es inútil (Diario, 742). Si el alma no practica la misericordia de alguna manera no conseguirá Mi misericordia en el día del juicio (1317).

¿Cómo ponemos la misericordia en práctica? Por medio de nuestras acciones, palabras y oraciones, haciendo obras corporales y espirituales de misericordia y desarrollando una actitud de misericordia en nuestras vidas diarias. Cada día podemos responder a la gente y a las circunstancias que encaramos sumergiéndolas en el mar de la misericordia de Dios. En vez de "maldecir la oscuridad" y desesperarnos sobre la condición del mundo, bendecimos al mundo con la misericordia de Dios y así dejamos que Dios lo sane.

Tomado del libro La Divina Misericordia Mensaje y Devoción.

Fuente: ladivinamisericordia.org

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