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Jesús en Ti confío: confiar con María, en la comunión de los santos

Alégrate, llena de gracia, el Señor es contigo (Lc 1, 28), saludó el Ángel a aquella que, desde su concepción inmaculada ha precedido, “la venida del Salvador” . 40. María fue elegida por el Creador para ser Madre de su Hijo único Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre, permaneciendo siempre Virgen. Por eso, la hizo nacer sin pecado y la preservó del mismo toda su vida. Y cuando terminó el curso de su vida terrena, fue asunta, es decir, Dios la llevó en cuerpo y alma a la gloria celestial,41 desde donde intercede por nosotros, que en la cruz fuimos hechos sus hijos, para ayudarnos cada día , 42. repitiéndonos aquello que dijo en las bodas de Caná: “Hagan lo que Él, Jesús, les diga” (Jn 2,5).

Ahí tienes a tu Madre (Cfr. Jn 19,27), nos dice el Señor en la persona de San Juan. Por eso, a Santa Faustina, la Santísma Virgen le dijo: Yo no sólo soy la Reina del cielo, sino también la Madre de la Misericordia y tu madre.43. Unámonos a María, amándola e imitándola, experimentando así su ternura maternal. Una forma de hacerlo es a través del rezo del Santo Rosario, que es contemplar con María el rostro de Cristo ,44. para que, haciendo lo que Jesús nos dice, experimentemos su Misericordia y seamos testigos de ella.

La gran familia de Dios, hasta que Jesús vuelva y sea destruida la muerte, está formada por tres grandes grupos: los que peregrinan en la tierra; los difuntos que se purifican; y los que ya están con Él en el Cielo. 45Y su unión es tan estrecha, que los bienes de unos se comunican a los otros; 46los santos del Cielo interceden por nosotros ante el Señor (Cfr. Mt 17, 9; 2 Cor 5,8). 47Además, su ejemplo nos impulsa a imitar a Jesús. Por eso es muy útil conocer sus vidas. Los vivos podemos pedir por los difuntos, para que Dios termine de perfeccionarlos y puedan entrar al Cielo (Cfr. 2 M 12, 45) ) 48. También ellos pueden interceder por nosotros,49 que peregrinamos en esta tierra, donde podemos rogar unos por otros y, unidos a Dios, buscar la unidad.50 Así, en esta comunión, ninguno vive egoístamente sólo para sí mismo (cfr. Rom 14, 7).


Autor: P. Eugenio Lira Rugarcía 

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