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Ser misericordiosos: Implorar misericordia para el mundo entero

LA ORACIÓN

Jesús oraba constantemente (Cfr. Lc 11,1). Él mismo nos enseñó con su ejemplo la importancia de la oración, la cual consiste en hablar con Dios, que tanto nos ama, y que está dispuesto a darnos todo aquello que verdaderamente necesitamos: Yo os digo: Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá (Lc 11,9). Velad y orad (Mt 26, 41) nos ha dicho el Señor, que oró al Padre por nosotros: Padre, te pido por ellos. Cuida en tu nombre a los que me has dado para que sean uno en nosotros (Jn 17, 9.11). En la oración, “el verdadero protagonista es Dios. El protagonista es Cristo, que constantemente libera a la criatura de la corrupción y la conduce hacia la libertad, para gloria de los hijos de Dios... Esta iniciativa nos reintegra en nuestra verdadera humanidad, nos reintegra en nuestra especial dignidad. Sí, nos introduce en la superior dignidad de los hijos de Dios, hijos de Dios que son lo que toda la creación espera...la oración tiene en cierto sentido una función cósmica” . 147

La vida de oración debe fomentar en nosotros una mirada contemplativa: vivir continuamente en la presencia de Dios. “Esta es la mirada de quien ve la vida con profundidad, percibiendo sus dimensiones de gratuidad, belleza, invitación a la libertad y a la responsabilidad. Es la mirada de quien no pretende apoderarse de la realidad, sino que la acoge como don, descubriendo en cada cosa el reflejo del Creador y en cada persona su imagen viviente (cfr. Gn 1,27; Sal 8,6). Esta mirada... se deja interpelar por todas estas situaciones para buscar un sentido y, precisamente en estas circunstancias, encuentra en el rostro de cada persona una llamada a la mutua consideración, al diálogo y a la solidaridad” . 148

La oración nos lleva al amor, “y del amor nace el deseo de la unidad” ; 149 nos conduce a “tener un sólo corazón y una sola alma” (Hch 4,32) y nos impulsa a pedir y a trabajar para que todos seamos uno en el amor. Por eso debemos rogar al Señor, aprendiendo de su ejemplo, por nuestros familiares y amigos, por la gente que nos rodea, y por aquellos que aún se encuentran lejos de Dios. Supliquemos al Todopoderoso por la Iglesia, por el Santo Padre y los obispos, particularmente por el propio obispo, por los sacerdotes y diáconos, por las personas consagradas, y por los laicos; por toda la creación; por el eterno descanso de los que se durmieron en el Señor ,150 y por la unidad de todo el género humano. A través de la oración intermediarás entre la tierra y el cielo .151


Autor: P. Eugenio Lira Rugarcía 

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