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Jesús en Ti confío


“Confíen en Mi”, ese es el grito del Señor a través de la boca de su sierva Santa María Faustina. Si se pudiera resumir la devoción a la Divina Misericordia en una palabra, sería “confianza”. Pues la confianza es la primera respuesta al conocimiento de su infinita misericordia. “Hija Mía, escribe que cuanto más grande es la miseria de un alma tanto más grande es el derecho que tiene a Mi misericordia e invita a todas las almas a confiar en el inconcebible abismo de Mi misericordia, porque deseo salvarlas a todas. En la cruz, la Fuente de Mi misericordia fue abierta de par en par por la lanza para todas las almas, no he excluido a ninguna.” (D. 1182)

SS Juan Pablo II. (proclamar la misericordia, Mi misión especial desde el primer día de mi pontificado)
¡Es realmente maravilloso el modo en que su devoción a Jesús Misericordioso se abre camino en el mundo contemporáneo y conquista tantos corazones humanos! Este es sin duda un signo de nuestro siglo XX. El balance de este siglo que termina , presenta además de las conquistas, que a menudo han superado las de épocas precedentes, también una profunda inquietud y miedo acerca del provenir. ¿Dónde, por lo tanto, sino en la Divina Misericordia, el mundo puede encontrar el refugio y la luz de la esperanza? (Sobre S. Faustina en 1993)

En su visita al Santuario de la Divina Misericordia en 1997, el Santo Padre dijo: La Iglesia relee el mensaje de la Misericordia, para llevar con más eficacia a la generación de este fin de milenio y a las futuras, la luz de la esperanza. Sin nunca cesar, pide a Dios misericordia por todos los hombres “en ningún momento y en ningún período histórico -especialmente en una época tan crítica como la nuestra- la Iglesia puede olvidar la oración, que es el grito a la misericordia de Dios, ante las múltiples formas de mal que pesan sobre la humanidad y la amenazan... Cuanto más la conciencia humana, sucumbiendo a la secularización, pierde el sentido del significado mismo de la palabra “misericordia”, cuanto alejándose más de Dios, se distancia del misterio de la misericordia, tanto más la Iglesia tiene el derecho y el deber de apelar al Dios de la misericordia “con fuerte gritos”. Vengo aquí, para confiar todas las preocupaciones de la Iglesia y de la humanidad a Cristo misericordioso. En los umbrales del tercer milenio, vengo , para confiarle una vez más mi ministerio petrino - Jesús, ¡confío en Ti!”

Por: Madre Adela Galindo, Fundadora SCTJM  

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