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Paz en la hora de la muerte


Hoy el Señor me dijo: He abierto Mi Corazón como una Fuente viva de Misericordia. Que todas las almas tomen vida de ella. Que se acerquen con gran confianza a este mar de misericordia. Los pecadores obtendran la justificación y los justos seran fortalecidos en el bien. Al que haya depositado su confianza en Mi misericordia, en la hora de la muerte le colmaré el alma con Mi paz divina. (D. 1520)

Pero Dios prometió una gran gracia: especialmente a ti y a todos que proclamen esta gran misericordia Mía. Yo Mismo los defenderé en la hora de la muerte como Mi gloria aunque los pecados de las almas sean negros como la noche; cuando un pecador se dirige a Mi misericordia, Me rinde la mayor gloria y es un honor para Mi Pasión. Cuando un alma exalta Mi bondad, entonces Satanás tiembla y huye al fondo mismo del infierno. (D. 378)

Durante una adoración Jesús me prometió: Con las almas que recurran a Mi misericordia y con las almas que glorifiquen y proclamen Mi gran misericordia a los demás, en la hora de la muerte Me comportaré según Mi infinita misericordia. (D. 379)

Aunque sea el más pecador(a) no tema acercarse a Dios misericordioso


"Escribe de Mi Misericordia. Di a las almas que es en el tribunal de la misericordia donde han de buscar consuelo; allí tienen lugar los milagros más grandes y se repiten incesantemente.

Para obtener este milagro no hay que hacer una peregrinación lejana ni celebrar algunos ritos exteriores, sino que basta acercarse con fe a los pies de Mi representante y confesarle con fe su miseria y el milagro de la Misericordia de Dios se manifestará en toda su plenitud.

Aunque un alma fuera como un cadáver descomponiéndose de tal manera que desde el punto de vista humano no existiera esperanza alguna de restauración y todo estuviese ya perdido. No es así para Dios.

El milagro de la Divina Misericordia restaura a esa alma en toda su plenitud. Oh infelices que no disfrutan de este milagro de la Divina Misericordia; lo pedirán en vano cuando sea demasiado tarde." (
D. 1448)

Corpus Christi


"Una vez, cuando la imagen estaba expuesta en el altar, durante la procesión de Corpus Cristi , cuando el sacerdote expuso el Santísimo Sacramento y el coro empezó a cantar, los rayos de la imagen traspasaron la Santa Hostia y se difundieron sobre el mundo entero.

Entonces oí estas palabras: A través de ti, como a través de esta Hostia, los rayos de la misericordia pasaran al mundo. Después de estas palabras un gran gozo penetró en mi alma. (D. 441)


*Nota: Esta fotografía es un milagro Eucarístico que fue tomada en Santo Domingo, más información aquí. Es parecido a lo que describe Santa Faustina.

Tener la mejor meta en nuestra vida: la santidad


"Me es sumamente agradable este decidido propósito tuyo de hacerte santa. Bendigo tus esfuerzos y te daré la oportunidad de santificarte.

Sé atenta para que no se te escape ninguna oportunidad que Mi providencia te dará para santificarte.

Si no logras aprovechar una oportunidad dada no pierdas la calma sino que humíllate profundamente ante Mi y sumérgete toda con gran confianza en Mi misericordia y así ganarás mas de lo que has perdido, porque a un alma humilde se da con mas generosidad, mas de lo que ella misma pida……
." (D. 1361)

"El conocimiento de mi destino, es decir la seguridad interior de que alcanzaré la santidad.
Este profundo conocimiento ha llenado mi alma del agradecimiento hacia Dios y he atribuido toda la gloria a mi Dios, porque sé lo que soy por mi misma." (1362)

Hoy, durante la meditación, Dios me ha dado la luz interior y me ha hecho comprender la santidad y en qué consiste.

Aunque esto lo he oido ya muchas veces en las conferencias, no obstante el alma lo comprende de otro modo cuando lo conoce a traves de la luz de Dios que la ilumina.
Ni gracias, ni revelaciones, ni extasis, ni ningun otro don concedido al alma la hace perfecta, sino la comunión interior de mi alma con Dios.

Estos dones son solamente un adorno del alma, pero no constituyen ni la sustancia ni la perfección. Mi santidad y perfección consisten en una estrecha unión de mi voluntad con la voluntad de Dios. Dios nunca violenta nuestro libre albedrío.

De nosotros depende si queremos recibir la gracia de Dios o no; si vamos a colaborar con ella o la malgastamos. (1107)

Liberar el alma sometiendola a la voluntad de Dios



Ahora comprendo bien que lo que une mas estrechamente el alma a Dios es negarse a sí mismo, es decir, unir su voluntad a la voluntad de Dios.

Esto hace verdaderamente libre al alma y ayuda al profundo recogimiento del espíritu, hace livianas todas las penas de la vida y dulce la muerte. (D. 462)

Con igual disposición recibo la alegría y el sufrimiento, la alabanza y la humillación; recuerdo que la una y la otra son pasajeras.

¿Qué me importa lo que digan de mí? Ya hace mucho he renunciado de todo lo que concierne a mi persona.

Mi nombre es hostia, es decir, victima, pero no en la palabra sino en la acción, en el anonadamiento de mi misma, en asemejarme a Ti en la cruz, oh Buen Jesús y Maestro mío. (D. 485)

Santísima Trinidad


Seas adorada, oh Santísima Trinidad, ahora y siempre, Seas alabada en todas Tus Obras y en todas Tus criaturas. Que la grandeza de Tu misericordia, oh Dios, sea Admirada y glorificada. (D. 5)

Oh Santa Trinidad, Dios Uno e Indivisible, bendito seas por este gran regalo y testamento de misericordia.

Oh Jesús mío, para compensarte por los blasfemos, callaré cuando me reprendan injustamente, para satisfacerte aunque sea en una pequeña parte.

En mi alma Te estoy cantando continuamente un himno y nadie lo puede sospechar ni entender. El canto de mi alma lo conoces sólo Tú, oh Creador y Señor mío. (D. 81)

El amor. Por amor, oh Santísima Trinidad, me ofrezco a Ti como victima de adoración,
como holocausto de mi total anonadamiento y con este anonadamiento de mi misma, deseo
la exaltación de tu Nombre, oh Señor.

Como un pequeñito pimpollo de rosa me arrojo a Tus pies, oh Señor; que el perfume de esta flor sea conocido solamente por Ti. (D.239)

Oh Dios único en la Santísima Trinidad, deseo amarte como hasta ahora ninguna alma humana Te ha amado; y aunque soy particularmente mísera y pequeñita, no obstante arrojé muy profundamente el ancla de mi confianza en el abismo de Tu misericordia, oh Dios y Creador mío.

A pesar de mi gran miseria no tengo miedo de nada, sino que espero cantar eternamente el himno de la gloria. Que no dude alma ninguna mientras viva, aunque sea la mas miserable, cada una puede ser una gran santa, porque es grande el poder de la gracia de Dios. De nosotros depende solamente no oponernos a la actuación de Dios. (D. 283)

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