"Algunos de mis propositos.
En lo que concierne a la confesion, elegiré lo que mas me humilla y cuesta. A veces una pequeñez cuesta mas que algo mas grande. Antes de cada confesion recordare la Pasion del Señor Jesús y con esto despertaré la contrición del corazon. Si es posible, con la gracia de Dios, ejercitarse siempre en el dolor perfecto. A esta contrición le dedicaré mas tiempo.
Antes de acercarme a la rejilla, entraré en el Corazon abierto y misericordiosisimo del Salvador. Cuando me aleje de la rejilla, despertaré en mi alma una gran
gratitud hacia la Santisima Trinidad por este extraordinario e inconcebible milagro de la misericordia que se produce en el alma; y
cuanto mas miserable es mi alma, tanto mejor siento que el mar de la misericordia de Dios me absorbe y me da una enorme fuerza y fortaleza.
Las reglas que desobedezco con mas frecuencia: a veces interrumpo el silencio, no obedezco el llamado de la campanilla, a veces me meto en los deberes de los demas; haré los maximos esfuerzos para corregirme.
Evitar a las hermanas que murmuran y si no es posible evitarlas, por lo menos callar en presencia de ellas, dando a entender lo penoso que es para nosotras escuchar cosas similares.
No hacer caso a las consideraciones humanas, sino que tener en cuenta mi propia conciencia, el testimonio que me da.
Tener a Dios como testigo de todas las obras.
Comportarme ahora y resolver cada asunto mio de tal modo como quisiera solucionarly y comportarme en el momento de la muerto. Por eso en cada asunto siempre tener presente a Dios.
Evitar los supuestos permisos. Relatar a las Superioras aun las cosas pequeñas, si es posible detalladamente.
Fidelidad en las practicas de piedad; no pedir con facilidad excepciones de las practicas de piedad; callar, excepto durante el recreo; evitar bromas y palabras chistosas que hacen reir a los demas y rompen el silencio;
valorar enormemente las mas pequeñas prescripciones; no dejarse llevar por el frenesi del trabajo; interrumpir un momento para mirar hacia el cielo; hablar poco con la gente, pero mucho con Dios;
evitar la familiaridad; fijarse poco en quien está conmigo y quien está en contra; no
compartir con otros lo que he tenido que soportar; evitar de comunicarse en voz alta durante
el trabajo; en los sufrimientos conservar la serenidad y el equilibrio;
en los momentos difíciles recurrir a las llagas de Jesús, en las llegas de Jesús buscar consuelo, alivio, luz y fuerza." (Diario 226)