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sábado, septiembre 15, 2012

Ser misericordiosos practicar la misericordia

LAS ACCIONES

A través de las obras de misericordia damos testimonio del Evangelio. Así lo expresa el Apóstol Santiago cuando dice: Pruébame tu fe sin obras y yo te probaré por las obras mi fe (St 2,18). El propio Jesús nos ha advertido que en el Juicio “se nos examinará sobre el amor”, como dice San Juan de la Cruz .140

Ese día el Rey dirá a quienes hicieron obras de misericordia concretas: Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; era forastero y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme (Mt 25 34-36).

Iluminados por la Palabra de Dios, descubrimos entonces que las obras de misericordia que podemos y debemos practicar, se agrupan en estas: obras corporales de misericordia: dar de comer a los hambrientos, dar de beber a los sedientos, vestir a los desnudos, dar asilo a los desamparados, consolar a los prisioneros, visitar a los enfermos, enterrar a los muertos. Las obras espirituales de misericordia son: amonestar a los pecadores, instruir a los ignorantes, aconsejar a los que tienen dudas, consolar a los afligidos, soportar con paciencia los errores de los demás, perdonar las ofensas, orar por los vivos y los difuntos. 


Autor: P. Eugenio Lira Rugarcía 

viernes, septiembre 14, 2012

Ser misericordiosos: Implorar misericordia para el mundo entero

LA ORACIÓN

Jesús oraba constantemente (Cfr. Lc 11,1). Él mismo nos enseñó con su ejemplo la importancia de la oración, la cual consiste en hablar con Dios, que tanto nos ama, y que está dispuesto a darnos todo aquello que verdaderamente necesitamos: Yo os digo: Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá (Lc 11,9). Velad y orad (Mt 26, 41) nos ha dicho el Señor, que oró al Padre por nosotros: Padre, te pido por ellos. Cuida en tu nombre a los que me has dado para que sean uno en nosotros (Jn 17, 9.11). En la oración, “el verdadero protagonista es Dios. El protagonista es Cristo, que constantemente libera a la criatura de la corrupción y la conduce hacia la libertad, para gloria de los hijos de Dios... Esta iniciativa nos reintegra en nuestra verdadera humanidad, nos reintegra en nuestra especial dignidad. Sí, nos introduce en la superior dignidad de los hijos de Dios, hijos de Dios que son lo que toda la creación espera...la oración tiene en cierto sentido una función cósmica” . 147

La vida de oración debe fomentar en nosotros una mirada contemplativa: vivir continuamente en la presencia de Dios. “Esta es la mirada de quien ve la vida con profundidad, percibiendo sus dimensiones de gratuidad, belleza, invitación a la libertad y a la responsabilidad. Es la mirada de quien no pretende apoderarse de la realidad, sino que la acoge como don, descubriendo en cada cosa el reflejo del Creador y en cada persona su imagen viviente (cfr. Gn 1,27; Sal 8,6). Esta mirada... se deja interpelar por todas estas situaciones para buscar un sentido y, precisamente en estas circunstancias, encuentra en el rostro de cada persona una llamada a la mutua consideración, al diálogo y a la solidaridad” . 148

La oración nos lleva al amor, “y del amor nace el deseo de la unidad” ; 149 nos conduce a “tener un sólo corazón y una sola alma” (Hch 4,32) y nos impulsa a pedir y a trabajar para que todos seamos uno en el amor. Por eso debemos rogar al Señor, aprendiendo de su ejemplo, por nuestros familiares y amigos, por la gente que nos rodea, y por aquellos que aún se encuentran lejos de Dios. Supliquemos al Todopoderoso por la Iglesia, por el Santo Padre y los obispos, particularmente por el propio obispo, por los sacerdotes y diáconos, por las personas consagradas, y por los laicos; por toda la creación; por el eterno descanso de los que se durmieron en el Señor ,150 y por la unidad de todo el género humano. A través de la oración intermediarás entre la tierra y el cielo .151


Autor: P. Eugenio Lira Rugarcía 

jueves, septiembre 13, 2012

Jesús en Tí confío: confiar siempre, incluso en el sufrimiento


Confiar en Jesús es fiarse de Él siempre, incluso en las horas más difíciles de la vida, creyendo que en cada momento nos ofrece su ayuda y consuelo: Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados... y yo los aliviaré (Mt 11, 25-30). Ciertamente Dios no puede querer ningún mal, sin embargo, cuando lo permite, es para sacar un bien. Así lo entendió Santo Tomás Moro, quien poco antes de su martirio, fue capaz de consolar a su hija Margarita con estas palabras: “Ten... ánimo hija mía... Nada puede pasarme que Dios no quiera. Y todo lo que Él quiere, por muy malo que nos parezca, es en realidad lo mejor” . 51

¿Qué nos toca hacer?; fiarnos de Él. Todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca (Mt 7, 24-26). Si le hacemos caso, entonces, aunque vengan las crisis, tentaciones y enfermedades; los problemas en casa, con la novia o el novio, con los amigos, en la escuela o en el trabajo; las angustias económicas, las duda, la soledad, el dolor y la muerte, no solo no nos derrumbaremos, sino que podremos edificar cada vez más alto, hasta alcanzar la eternidad. Así ha sucedido con muchos santos, como San Francisco de Asís y San Ignacio de Loyola, quienes descubrieron que en el sufrimiento se esconde una fuerza que nos acerca a Dios, y nos permite descubrir el sentido de la vida.

Por eso, Jesús nos invita a una confianza total, incluso en medio del dolor. A Santa Faustina le dijo: No tengas miedo de los sufrimientos, Yo estoy contigo . 52Todo está en Mis manos53. Me alegro grandemente de que me digas tus temores... Yo te entiendo, porque Soy Dios-Hombre .54 Pon la cabeza sobre Mi pecho, sobre Mi Corazón y de él toma fuerza y fortaleza para todos los sufrimientos .55 También le recordó el valor salvífico del sufrimiento: Otras almas se beneficiarán de tus sufrimientos .56 Si; “Cristo ha elevado juntamente el sufrimiento humano a nivel de redención” 57 Por eso, San Pablo afirmaba: “Suplo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo por su cuerpo, que es la Iglesia” (Col 1, 24). “Sufro, pero no me avergüenza, porque sé a quien me he confiado” ( 2 Tim 1, 12). “Todo lo puedo en aquél que me conforta” ( Flp 4, 13). ¡Dejando al Señor que nos ayude, podremos cargar nuestra Cruz de cada día!.


Autor: P. Eugenio Lira Rugarcía 

miércoles, septiembre 12, 2012

Jesús en Ti confío: confiar con María, en la comunión de los santos

Alégrate, llena de gracia, el Señor es contigo (Lc 1, 28), saludó el Ángel a aquella que, desde su concepción inmaculada ha precedido, “la venida del Salvador” . 40. María fue elegida por el Creador para ser Madre de su Hijo único Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre, permaneciendo siempre Virgen. Por eso, la hizo nacer sin pecado y la preservó del mismo toda su vida. Y cuando terminó el curso de su vida terrena, fue asunta, es decir, Dios la llevó en cuerpo y alma a la gloria celestial,41 desde donde intercede por nosotros, que en la cruz fuimos hechos sus hijos, para ayudarnos cada día , 42. repitiéndonos aquello que dijo en las bodas de Caná: “Hagan lo que Él, Jesús, les diga” (Jn 2,5).

Ahí tienes a tu Madre (Cfr. Jn 19,27), nos dice el Señor en la persona de San Juan. Por eso, a Santa Faustina, la Santísma Virgen le dijo: Yo no sólo soy la Reina del cielo, sino también la Madre de la Misericordia y tu madre.43. Unámonos a María, amándola e imitándola, experimentando así su ternura maternal. Una forma de hacerlo es a través del rezo del Santo Rosario, que es contemplar con María el rostro de Cristo ,44. para que, haciendo lo que Jesús nos dice, experimentemos su Misericordia y seamos testigos de ella.

La gran familia de Dios, hasta que Jesús vuelva y sea destruida la muerte, está formada por tres grandes grupos: los que peregrinan en la tierra; los difuntos que se purifican; y los que ya están con Él en el Cielo. 45Y su unión es tan estrecha, que los bienes de unos se comunican a los otros; 46los santos del Cielo interceden por nosotros ante el Señor (Cfr. Mt 17, 9; 2 Cor 5,8). 47Además, su ejemplo nos impulsa a imitar a Jesús. Por eso es muy útil conocer sus vidas. Los vivos podemos pedir por los difuntos, para que Dios termine de perfeccionarlos y puedan entrar al Cielo (Cfr. 2 M 12, 45) ) 48. También ellos pueden interceder por nosotros,49 que peregrinamos en esta tierra, donde podemos rogar unos por otros y, unidos a Dios, buscar la unidad.50 Así, en esta comunión, ninguno vive egoístamente sólo para sí mismo (cfr. Rom 14, 7).


Autor: P. Eugenio Lira Rugarcía 

lunes, septiembre 10, 2012

Jesús en Ti confío: confiar en Su Iglesia

“Cristo no se da en un mero ideal, sino en la Iglesia, que es su Cuerpo (Cfr. Col 1,18)”33. Por eso, confiar en Jesús significa vivir unidos a este Cuerpo suyo, obedeciendo al Papa y a los Obispos, a quienes Él ha elegido como sus representantes: Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia (Mt 16, 13-19). De sus enviados, Cristo mismo ha dicho: Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado (Mt 10, 40). Meditando esto, San Juan Crisóstomo afirmaba: “Son suficientes estas promesas para persuadir a todos los que recibieran a los apóstoles”34.

Jesús nos recordó, a través de Santa Faustina: Has de saber que con un acto de obediencia Me das mayor gloria que con largas plegarias y mortificaciones.35Cuando eres obediente, te quito tu debilidad y Te doy mi fortaleza36. Él mismo se presentó como Modelo de obediencia: He venido para cumplir la voluntad de Mi Padre.37

El Señor, que quiere ayudarnos a vencer al mal con el bien, pedía a la Santa una confianza total en la Iglesia; por eso la invitaba a obedecer al sacerdote que era su confesor, diciéndole: Cualquier desobediencia frente a él, Me alcanza a Mí. Yo te contestaré por su boca .38. El sacerdote, cuando Me sustituye, no es él quien obra, sino Yo a través de él, sus deseos son Míos . 39 


Autor: P. Eugenio Lira Rugarcía 

domingo, septiembre 09, 2012

Jesús en Ti confío: Confiar en Su Palabra


Si ustedes me aman, guardarán mis mandamientos (Jn 14,15), ha dicho el Señor. Por eso, confiar en Cristo significa creer en su Palabra y vivir como nos enseña: amando a Dios, a nosotros mismos y al prójimo (Cfr. Mc 12,29-31), creyendo que el Padre nos da la gracia de su Espíritu para que amemos como Jesús (Cfr. Jn 13,34), quien nos ha mandado: Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso (Lc 6,36).

Todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero ella no se cayó, porque estaba cimentada sobre roca (Mt 7, 24-26).

Cada día estamos construyendo nuestra vida personal, matrimonial, familiar y social. Y para que podamos hacerlo de tal manera que, resistiendo las dificultades, alcancemos la eternidad, es preciso hacerle caso a Jesús. ¡Sólo Él puede mostrarnos el sentido y la plenitud de la vida! Por eso dijo a santa Faustina: Deseo la confianza de Mis criaturas, invita a las almas a una gran confianza en Mi misericordia insondable 28.Si tu confianza es grande Mi generosidad no conocerá límites 29. Oh, cuánto amo a las almas que se Me han confiado totalmente, haré todo por ellas .30. Deseo que vivas según mi voluntad en los más secretos rincones de tu alma 31. Todas las bellezas son nada en comparación con lo que te he preparado en la eternidad 32.


Autor: P. Eugenio Lira Rugarcía

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