"Mi mente estaba extrañamente obscurecida, ninguna verdad me parecía clara. Cuando me hablaban de Dios, mi corazón era como una roca. No lograba sacar del corazón ni un solo sentimiento de amor hacia Él.
Cuando con un acto de voluntad trataba de permanecer junto a Dios, experimentaba grandes tormentos y me parecía que con ello causaba una ira mayor de Dios. No podía absolutamente meditar tal y como meditaba anteriormente. Sentía un gran vacío en mi alma y no conseguía llenarlo con nada.
Empecé a sentir el hambre y el anhelo de Dios, pero veía toda mi impotencia. Trataba de leer despacio, frase por frase y meditar del mismo modo, pero fue en vano. No comprendía nada de lo que leía. Delante de los ojos de mi alma estaba constantemente todo el abismo de mi miseria.
Cuando iba a la capilla por algunos ejercicios espirituales, siempre experimentaba aun más tormentos y tentaciones. A veces, durante toda la Santa Misa luchaba con los pensamientos blasfemos que trataban de salir de mis labios. Sentía aversión por los santos sacramentos. Me parecía que no sacaba ninguno de los beneficios que los santos sacramentos ofrecen. Me acercaba [a ellos] solamente por obediencia al confesor y esa ciega obediencia era para mi el único camino que debía seguir y [mi] tabla de salvación.
Cuando el sacerdote me explico que ésas eran las pruebas enviadas por Dios y que, “con el estado en que te encuentras no sólo no ofendes a Dios, sino que le agradas mucho, es una señal que Dios te ama inmensamente y que confía en ti, porque te visita con estas pruebas.” No obstante esas palabras no me consolaron, me parecía que no se referían en nada a mí.
Una cosa me extrañaba. A veces cuando sufría enormemente, en el momento de acercarme a la confesión, de repente todos estos terribles tormentos cesaban; pero cuando me alejaba de la rejilla, todos esos tormentos volvían a golpearme [con] mayor furia. Entonces me postraba delante del Santísimo sacramento y repetía esas palabras: Aunque me mates, yo confiaré en Ti . Me parecía que agonizaba en aquellos dolores.
El pensamiento que más me atormentaba era que yo era rechazada por Dios. Luego venían otros pensamientos: ¿Para que empeñarme en las virtudes y en buenas obras? ¿Para que mortificarme y anonadarme? ¿Para que hacer votos? ¿Para que rezar? ¿Para que sacrificarme e inmolarme? ¿Para que ofrecerme como victima en cada paso? ¿Para que, si ya soy rechazada por Dios? ¿Para que estos esfuerzos? Y aquí solamente Dios sabe lo que ocurría en mi corazón.
"Terriblemente atormentada por estos sufrimientos entré en la capilla y de la profundidad de mi alma dije estas palabras: Haz conmigo, Jesús, lo que Te plazca. Yo Te adoraré en todas partes. Y que se haga en mi Tu voluntad, oh Señor y Dios mío, y yo glorificaré Tu infinita misericordia. Después de este acto de sumisión cesaron estos terribles tormentos.
De repente vi. a Jesús que me dijo: Yo estoy siempre en tu corazón. Un gozo inconcebible inundó mi alma y [llenó] de gran amor de Dios que inflamó mi pobre corazón. Veo que Dios nunca permite [sufrimientos] por encima de lo que podemos soportar.
Oh, no temo nada; si manda al alma grandes tribulaciones, la sostiene con una gracia aun mayor, aunque no la notamos para nada. Un solo acto de confianza en tal momento da más gloria a Dios que muchas horas pasadas en el gozo de consolaciones durante la oración. Ahora veo que si Dios quiere mantener a un alma en la oscuridad, no la iluminará ningún libro ni confesor." (D. 77-78)
sábado, octubre 20, 2012
Misión y vocación de la orden Hermanas de Jesús de la Misericordia
"24 XI 1935. Domingo, primer día. Fui inmediatamente delante del Santísimo Sacramento y me ofrecí con Jesús que esta en el Santísimo Sacramento, al Padre Eterno. Entonces oí en el alma estas palabras:
Tu intención y la de tus compañeras es unirse a Mi lo mas estrechamente posible a través del amor, reconciliaras la tierra con el cielo, mitigaras la justa cólera de Dios e impetrarás la misericordia por el mundo. Confío a tu cuidado dos perlas preciosas para Mi Corazón, que son las almas de los sacerdotes y las almas de los religiosos; por ellas rogarás de manera especial, la fuerza de ellas vendrá de tu anonadamiento. Las plegarias, los ayunos, las mortificaciones, las fatigas y todos los sufrimientos, los unirás a la oración, al ayuno, a la mortificación, a la fatiga, al sufrimiento Mío y entonces tendrán valor ante Mi Padre." (D. 531)
"VI 1935. Al día siguiente, una vez comenzada la Santa Misa, vi. al señor Jesús de una belleza
inexpresable. Me dijo que exige que esa Congregación sea fundada lo antes posible, y tú vivirás en ella con tus compañeras. Mi Espíritu será la regla de su vida. Su vida debe modelarse sobre
Mí, desde el pesebre hasta la muerte en la cruz. Penetra en Mis secretos y conocerás el abismo
de Mi misericordia para con las criaturas y Mi bondad insondable, y harás conocer ésta al
mundo. A través de la oración intermediaras entre la tierra y el cielo." (D. 438)
![]() |
| Actualmente Casa de las Hnas. de Jesús Misericordioso
Vilna (Vilnius, Lituania) |
http://www.misericordia-divina.com/
También fue fundada otra Congregación "Siervas de la Divina Misericordia" constituyen una Asociación Pública de Fieles nacida en Polonia en 2001. Consideran a Santa Faustina Kowalska inspiradora de su proyecto de vida consagrada, basándose en la petición que Jesús Misericordioso hizo a la Santa para la fundación de una comunidad de religiosas contemplativas. Por este motivo, un grupo de religiosas de las Hermanas de Jesús Misericordioso, junto a muchachas deseosas de una vida de mayor unión con Dios en la oración, inician esta nueva comunidad.
Web oficial: http://misericordiadei.eu/
Fuente: divinascongregaciones
martes, octubre 16, 2012
8° Congreso Internacional de la Divina Misericordia (en México)
Del 27 y 28 de octubre en el Seminario Palafoxiano
Invita la Arquidiócesis de Puebla y Centro Internacional de Difusíon de la Divina Misericordia: El Gran Don de la FE
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lunes, octubre 15, 2012
La misericordia divina y la misericordia humana
"Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia." Dulce es el nombre de misericordia, hermanos muy amados; y, si el nombre es tan dulce, ¿cuánto más no lo será la cosa misma? Todos los hombres la desean, mas, por desgracia, no todos obran de manera que se hagan dignos de ella; todos desean alcanzar misericordia, pero son pocos los que quieren practicarla.
Oh hombre, ¿con qué cara te atreves a pedir, si tú te resistes a dar? Quien desee alcanzar misericordia en el cielo debe él practicarla en este mundo. Y, por esto, hermanos muy amados, ya que todos deseamos la misericordia, actuemos de manera que ella llegue a ser nuestro abogado en este mundo, para que nos libre después en el futuro. Hay en el cielo una misericordia, a la cual se llega a través de la misericordia terrena. Dice, en efecto, la Escritura: Señor, tu misericordia llega al cielo.
Existe, pues, una misericordia terrena y humana, otra celestial y divina. ¿Cuál es la misericordia humana? La que consiste en atender a las miserias de los pobres. ¿Cuál es la misericordia divina? Sin duda, la que consiste en el perdón de los pecados. Todo lo que da la misericordia humana en este tiempo de peregrinación se lo devuelve después la misericordia divina en la patria definitiva. Dios, en este mundo, padece frío y hambre en la persona de todos los pobres, como dijo él mismo: Cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis. El mismo Dios que se digna dar en el cielo quiere recibir en la tierra.
¿Cómo somos nosotros, que, cuando Dios nos da, queremos recibir y, cuando nos pide, no le queremos dar? Porque, cuando un pobre pasa hambre, es Cristo quien pasa necesidad, como dijo él mismo: Tuve hambre, y no me disteis de comer. No apartes, pues, tu mirada de la miseria de los pobres, si quieres esperar confiado el perdón de los pecados. Ahora, hermanos, Cristo pasa hambre, es él quien se digna padecer hambre y sed en la persona de todos los pobres; y lo que reciba aquí en la tierra lo devolverá luego en el cielo.
Os pregunto, hermanos, ¿qué es lo que queréis o buscáis cuando venís a La iglesia? Ciertamente la misericordia. Practicad, pues, la misericordia terrena, y recibiréis la misericordia celestial. El pobre te pide a ti, y tú le pides a Dios; aquél un bocado, tú la vida eterna. Da al indigente, y merecerás recibir de Cristo, ya que él ha dicho: Dad, y se os dará. No comprendo cómo te atreves a esperar recibir, si tú te niegas a dar. Por esto, cuando vengáis a la iglesia, dad a los pobres la limosna que podéis, según vuestras posibilidades.
Autor: San Cesáreo de Arlés. Sermón 25,1
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domingo, octubre 14, 2012
La Misericordia Divina y la Santísima Virgen
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| María, Madre de Misericordia |
Polonia: elegida para dar la chispa de misericordia. “He amado a Polonia de modo especial y si obedece Mi voluntad, la enalteceré en poder y en santidad. De ella saldrá una chispa que preparará el mundo para Mi última venida”. (D. 1732)
El Papa Juan Pablo II, Sta. Faustina y S. Maximiliano: los Apóstoles de misericordia, formados por la Virgen de Chestojova en Jasnagora, que significa montaña luminosa. “saldrá la chispa”.
Fátima: pide orar y hacer sacrificios por los pecadores (acto de gran misericordia)
En la misma época de las revelaciones de Santa Faustina, visión de la Trinidad a S. Lucía: de las llagas fluyen las palabras gracia y misericordia.
“Le doy a la humanidad la última tabla de salvación, es decir, el refugio en Mi Misericordia”(D.998)
Como siempre sucede en la historia de la salvación, la última palabra en el contraste entre Dios y el pueblo pecador no es nunca el juicio y el castigo, sino el amor y el perdón. Dios no desea juzgar y condenar, sino salvar y liberar a la humanidad del mal.
Sigue repitiéndonos las palabras que leemos en el libro del profeta Ezequiel: «« ¿Acaso me complazco yo en la muerte del malvado y no más bien en que se convierta de su conducta y viva?... ¿¿Por qué queréis morir, casa de Israel? Yo no me complazco en la muerte de nadie, sea quien fuere, palabra del Señor. Convertíos y viviréis»» (Ezequiel 18, 23,31-32).
Por: Madre Adela Galindo, Fundadora SCTJM
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Misericordia de Dios
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