Cuando nos vienen tentaciones de desanimarnos, a veces tenemos
pensamientos desalentadores, Santa Faustina nos dice de donde vienen
estos pensamientos:
"Un día, una de las Madres se enojó
tanto conmigo y me humilló tanto, que pensé que no lo soportaría. Me
dijo: Extravagante, histérica, visionaria, vete de mi habitación, no
quiero conocerte. Todo lo que pudo cayó sobre mi cabeza. A volver a la
celda, me caí de cara al suelo delante de la cruz y miré a Jesús sin
poder pronunciar ni una sola palabra. Y sin embargo ocultaba a los demás
y disimulaba como si no hubiera pasado nada entre nosotras.
Satanás siempre aprovecha tales momentos, comenzaron a venirme los pensamientos de desánimo: He aquí tu premio por la fidelidad y la sinceridad.
¿Cómo ser sincera, si se es tan incomprendida? Oh
Jesús, Jesús, ya no aguanto mas. Otra vez caí al suelo bajo aquel peso y
comencé a sudar y el miedo empezó a dominarme. No tengo en quien
apoyarme interiormente. De repente oí en mi alma la voz: No tengas miedo, Yo estoy contigo,
y una luz extraña iluminó mi mente y comprendí que no debía someterme a
tales tristezas y una fuerza me llenó, y salí de la celda con un nuevo
ánimo para enfrentar los sufrimientos." (Diario 129)
De
esto tambien nos dejó testimonio San Ignacio de Loyola en los
Ejercicios Espirituales, pues él nos dice que hemos de vigilar nuestros
pensamientos:
"Sobre los pensamientos, se dan en nosotros tres clases de pensamientos:
1) Los que surgen por nuestra propia y libre voluntad
2) Los que nos vienen de fuera por sugestión del buen espíritu
3) Los que nos vienen de fuera por sugestión del espíritu malo" (Ejercicios Espirituales, 32)

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