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La gracia de Dios nos dá fortaleza para aceptar Su voluntad

"Cuando salí al pasillo, en seguida tuve un gran sufrimiento y humillación por parte de cierta persona.

Lo acepté sometiéndome a la voluntad superior y me estreché profundamente al Sacratísimo Corazón de Jesús, el Señor, dando a conocer que estaba dispuesto a aquello a lo que me había ofrecido.

El sufrimiento broto como de debajo de la tierra, la misma Madre Margarita se extrañó. A las otras se les perdonan muchas cosas, porque de verdad, no vale la pena hacerles caso, pero a mi no se me perdona nada, cada palabra es analizada, cada paso controlado.

Una de las hermanas me dijo: Prepárese, hermana, a aceptar una pequeña cruz que la espera de parte de la Madre Superiora, ¡cuánto lo siento por usted!

Y yo en mi alma estoy contenta de eso y desde hace mucho tiempo estoy preparada para ello. Al ver mi valor, se sorprendió.

Ahora veo que el alma de por sí no puede mucho, pero con Dios puede todo. He aquí lo que puede la gracia de Dios. Son pocas las almas que siempre están atentas a la inspiración de Dios, pero aun menos numerosas son las almas que siguen fielmente la inspiración de Dios." (D.138)

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