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Jesús misericordioso no niega Su luz a quien se la pide

"Jesus sumamente misericordioso, que eres la bondad misma, Tú no niegas la luz a quienes Te la piden.

Acoge en la morada de Tu muy compasivo Corazón a las almas de los herejes y las almas de los cismaticos y llevalas con Tu luz a la unidad con la Iglesia; no la dejes alejarse de la morada de Tu compasivisimo Corazón, sino haz que tambien ellas glorifiquen la generosidad de Tu misericordia.

Padre eterno, mira con misericordia a las almas de los herejes y de los cismaticos que han malgastado Tus bendiciones y han abusado de Tus gracias por persistir obstinadamente en sus errores.

No mires sus errores, sino el amor de Tu Hijo y su amarga Pasion que sufrió por ellos ya que tambien ellos están acogidos en el sumamente compasivo Corazón de Jesús. Haz que tambien ellos glorifiquen Tu gran misericordia por los siglos de los siglos. Amén"

(D.1219)

Quien quiera aprender la verdadera humildad, medite la Pasión de Jesús

"Jesús me dijo que yo le agradaría mas meditando su dolorosa Pasión, y a través de esta meditación mucha luz fluye sobre mi alma. Quien quiera aprender la verdadera humildad, medite la Pasión de Jesús.

Cuando medito la Pasión de Jesús, se me aclaran muchas cosas que antes no llegaba a comprender. Yo quiero parecerme a Ti, oh Jesús, a Ti crucificado, maltratado, humillado.

Oh Jesús, imprime en mi alma y en mi corazón Tu humildad. Te amo, Jesús, con locura. Te [amo] anonadado, como Te describe el profeta, que por los grandes sufrimientos no lograba ver en Ti el aspecto humano.

En este estado Te amo, Jesús, con locura. Dios Eterno e Inmenso, ¿qué ha hecho de Ti el amor….?" (D.267)

Nuestra semejanza a Jesús debe realizarse a través del sufrimiento y la humildad.

"11 X 1933 – jueves. Procuré hacer la Hora Santa, pero la empecé con gran dificultad. Algún anhelo comenzó a desgarrar mi corazón. Mi mente quedó ofuscada de manera que no lograba entender las formas simples de las plegarias.

Y así pasó una hora de oración o más bien de lucha. Decidí orar otra hora, pero los sufrimientos interiores aumentaron. Una gran aridez y un gran disgusto.

Decidí orar durante la tercera hora. En esa tercera hora de plegaria que decidí hacer arrodillada sin ningún apoyo, mi cuerpo empezó a reclamar un descanso. Sin embargo yo no cedí nada. Extendí las manos en forma de cruz y sin pronunciar una palabra, seguí así con un acto de voluntad.

Un momento después me quité el anillo del dedo y pedí a Jesús que mirara ese anillo que es el símbolo de nuestra unión eterna y ofrecí al Señor Jesús los sentimientos del día de los votos perpetuos.

Un momento después sentí que una ola de amor empezaba a inundar mi corazón. Un repentino recogimiento del espíritu, el silencio de los sentidos, la presencia de Dios penetra al alma. Sé únicamente que estamos Jesús y yo.

Lo vi, bajo la misma apariencia que [tenia] cuando lo vi en el primer momento después de los votos perpetuos, cuando también hacia la Hora Santa. Jesús se presentó delante de mí inesperadamente, despojado de las vestiduras, cubierto de llagas en todo el cuerpo, con los ojos llenos de sangre y de lágrimas, la cara desfigurada, cubierta de salivazos.

De repente el Señor me dijo: La esposa debe asemejarse a su Esposo. Entendí estas palabras en profundidad. Aquí no hay lugar para ninguna duda. Mi semejanza a Jesús debe realizarse a través del sufrimiento y la humildad. Mira lo que ha hecho Conmigo el amor por las almas humanas, hija Mía; en tu corazón encuentro todo lo que Me niega el numero tan grande de almas. Tu corazón es un descanso para Mí, muchas veces guardo las gracias grandes para el fin de la plegaria." (D. 268)

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