Ads 468x60px

Ser misericordiosos: unos con otros



AMÁOS LOS UNOS A LOS OTROS COMO YO OS HE AMADO (Jn 15, 10-11).

Todos  buscamos ser felices, Dios lo sabe. Por eso ha enviado a Jesús, en  quien “el misterio de la felicidad humana encuentra su clave” . 


 Él, que ha entregado su vida para hacernos hijos de Dios, partícipes de su vida plena y eternamente feliz, dándonos ejemplo, nos enseña cómo  alcanzarla: Amaos los unos a los otros, como Yo los he amado  (Jn 13,34). 

¡Si!; Cristo, Modelo de plenitud humana es la medida del
amor,  que es saber comprender, tratar con justicia, servir y perdonar a
 los que nos rodean (Cfr. 1 Cor 13,1-13), de una manera creativa,
concreta y activa .135 En verdad os digo que cuanto
hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo
hicisteis (Mt 25,40) ... Os he dicho esto para que mi gozo esté en
vosotros, y vuestro gozo sea pleno
(Jn 15, 10-11).

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia (Mt 5,7), ha dicho el Señor, que a través de Santa Faustina nos ha recordado: Debes
 mostrar misericordia al prójimo siempre y en todas partes. No puedes
dejar de hacerlo ni excusarte ni justificarte. Te doy tres formas de
ejercer misericordia al prójimo: la primera – la acción, la segunda – la
 palabra, a tercera – la oración. En estas tres formas está contenida la
 plenitud de la misericordia y es el testimonio irrefutable del amor
hacia Mí. De este modo el alma alaba y adora Mi misericordia
.136 Todo esto, lo resumió a Santa Faustina su Confesor, el P. el P. Andrasz, S. J., así: “Procure que quien trate con usted, se aleje feliz” .137

Nuestra vida es una peregrinación hacia la casa del Padre .
 Esta espera “es lo más opuesto a la inercia: se traduce en trabajo para  que el Reino se haga presente ya ahora mediante la instauración de las
Bienaventuranzas, capaz de suscitar también en la sociedad humana actitudes  eficaces de justicia, paz, solidaridad y perdón”  .
  Por eso, para alcanzar la verdadera, plena y eterna felicidad, debemos  practicar la misericordia con los miembros de nuestra familia, con  nuestros amigos, compañeros, vecinos, empleados, patrones y con la gente  que nos rodea, especialmente con los más necesitados, e incluso con  nuestros enemigos, confiando totalmente en el Salvador que nos pide: ¡Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso! (Lc 6,36). 




Autor: P. Eugenio Lira Rugarcía
                                                                           

0 comentarios :

Publicar un comentario

Gracias por tu comentario :)

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...