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Con la obediencia damos gloria a Dios y adquirimos méritos


"En algún momento Jesús me dijo: Ve a la Madre Superiora y dile que te permita llevar el cilicio  durante siete días, y durante la noche te levantarás una vez y vendrás a la capilla.

Contesté que sí, pero tuve cierta dificultad en hablar con la Superiora. Por la noche Jesús me preguntó: ¿Hasta cuando lo vas a aplazar?

Decidí decirlo a la Madre Superiora durante el primer encuentro. Al día siguiente, antes del medio día, vi. que la Madre Superiora iba al refectorio y como la cocina, el refectorio y la habitación de Sor Luisa están casi contiguas, entonces invite a la Madre Superiora a la habitación de Sor Luisa y le comunique lo que el Señor Jesús solicitaba.

La Madre Superiora me contestó: No le permito llevar ningún cilicio. En absoluto. Si el Señor Jesús le da la fuerza de un gigante, yo le permitiré estas mortificaciones. Me disculpé con la Madre por haberle ocupado el tiempo y salí de la habitación.

Entonces vi. al Señor Jesús en la puerta de la cocina y dije al Señor: Me mandas ir a pedir estas mortificaciones y la Madre Superiora no quiere permitírmelas.

Entonces Jesús me dijo: Estuve aquí durante la conversación con la Superiora y sé todo. No exijo tus mortificaciones, sino la obediencia. Con ella Me das una gran gloria y adquieres méritos para ti.

(Diario 28)

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