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sábado, noviembre 10, 2012

Poner nuestras preocupaciones en manos de Dios


"21 XII 1935. Una vez el confesor dijo que fuera a ver aquella casa, si era la misma que yo había visto en visión. Cuando fui con mi confesor a ver la casa, o más bien las ruinas, con un solo vistazo
reconocí que todo era igual a lo que había visto en visión.

Cuando toqué las tablas que estaban clavadas formando algo como una puerta, en el mismo instante, una fuerza como un relámpago penetró mi alma dándome la certeza inquebrantable. Me alejé rápido de aquel lugar con el alma llena de alegría; me parecía que alguna fuerza me clavaba en aquel lugar. Me alegré mucho de ver una conformidad absoluta de esas cosas con las que había visto en la visión.

Cuando el confesor hablaba del arreglo de las celdas y de otras cosas, encontré todo idéntico a lo que me había dicho Jesús. Me alegro grandemente de que Dios obre por él, pero no me sorprendo nada de que Dios le dé tanta luz, ya que en el corazón puro y humilde mora Dios que es la Luz Misma y todos los sufrimientos y todas las contrariedades existen para que se manifieste la santidad del alma.

Al regresar a casa, entré en seguida en nuestra capilla para descansar un momento, de repente oí en el alma estas palabras: No tengas miedo de nada, Yo estoy contigo, estos asuntos están en Mis manos y los realizaré según Mi misericordia, y nada puede oponerse a Mi voluntad." (D. 573)

domingo, junio 24, 2012

La pobreza espiritual


"Después de la Santa Comunión vi al Señor Jesús que me dijo estas palabras:

Hoy, penetra en el espíritu de Mi pobreza y organiza todo de tal modo que los más pobres no tengan nada que envidiarte. No en los grandes palacios ni en las esplendidas instalaciones, sino en el corazón puro y humilde Me complazco".

"Al quedarme sola empecé a reflexionar sobre el espíritu de pobreza. Veo claramente que Jesús no poseía nada siendo el Dueño del todas las cosas. El pesebre prestado; camina por la vida haciendo el bien a todos sin tener donde apoyar la cabeza.

Y en la cruz veo el colmo de su pobreza, ya que ni siquiera tiene puesta una vestidura. Oh Jesús, a través del solemne voto de pobreza deseo asemejarme a Ti; la pobreza será mi madre.

No poseer nada exteriormente ni disponer de nada como de mi propiedad, ni tampoco desear algo interiormente. Y en el Santísimo Sacramento ¡que grande es Tu pobreza! ¿Hubo alguna vez un alma tan abandonada como Tu, Jesús, en la cruz?"

(Diario 532 - 533)

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